Gente que Cuenta

Había una vez un príncipe – Mayte Navarro

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.”..nuestro príncipe, incapaz de valorar sus privilegios y asumir sus responsabilidades, prefirió acogerse al estilo marcado por la picardía.” Fuente: AP

Había una vez un príncipe que sabía que nunca sería rey. La gente decía que era el más buenmozo de los hijos de su majestad y por ello lo bautizaron como el soltero de oro. Su destino no estaba marcado por grandes responsabilidades y por ello consideró que vivir la vida loca sería lo más acertado. Al fin y al cabo, sólo se vive una vez.

Pero el príncipe no disfrutaba solo, a su alrededor también había una corte de amigos que quisieron compartir la gran vida en Saint-Tropez o en Tailandia. Esos no aparecen ahora. Lo dejaron solo. Cosas de los adulantes.

Las experiencias estaban en un yate full equipo, que incluía también los placeres de la carne. Al terminar las vacaciones unos regresaban a su existencia incógnita, pero el príncipe, quien había saboreado lejos de su palacio lo que él creía que era la libertad, tenía que enfrentarse a ser la sombra de su hermano mayor, asumir esa cotidianidad  íntima que pocos conocen. Una realidad que se anida en los muros de palacio y que a veces se traduce en desmanes.

Pero nuestro príncipe, incapaz de valorar sus privilegios y asumir sus responsabilidades, prefirió acogerse al estilo marcado por la picardía. De esta manera fue dibujando su quehacer diario y poco a poco la irresponsabilidad  de sus actos lo alejó de aquellos privilegios. Los adulantes también le dieron la espalda y se dio cuenta que estaba en las garras de su amigo el depredador.

Hoy sin blasones ni honores comienza a recorrer la vejez. Quizás, no le fallen los afectos más cercanos, aunque tampoco esto lo podamos afirmar. Hoy se salva de sentarse en el banquillo de un juzgado, como lo hizo el yerno de otro rey europeo, que tuvo que soportar que se le calificara de “chorizo”  en su camino al cadalso.

Nuestro príncipe acepta tardíamente sus equivocaciones, aunque hay quien afirme que nunca es tarde para rectificar. Nuevamente ocupa titulares, pero no por sus hazañas o tareas en favor de aquellos  que nacieron con menos ventajas que él, sino por anunciar que su dinero apoyará a las víctimas del abuso sexual, aunque  otros afirmarán que compró una conciencia y no faltará quien asevere que el acusado y la demandante son tal para cual.

Andrés, nombre de nuestro protagonista, sigue como figura de primer orden en más de un libro, textos que no lo dejan muy bien parado. La maquinaria que se encarga de contar historias no se detiene porque genera un buen lucro. Hoy sus abogados lo presentan como un hombre arrepentido de haber mantenido una amistad con Epstein y compañía.

La industria editorial continúa alimentando el morbo de muchos al publicar libros que revelan la intimidad con algunas de las amantes del príncipe. La noria no suspende este subir y bajar, sin embargo no habrá juicio y nuestro actor principal saldrá del escenario en silencio, pero quizás nunca sabremos si realmente es inocente. Un triste final para aquel soltero de oro, ese príncipe que sentía afición por las pelirrojas y que otros califican como malcriado y déspota.

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Mayte Navarro.
Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas. Ha ejercido el periodismo en galerías de arte, en el diario El Universal, mantiene el espacio Madame Glamour en el programa radial Las entrevistas de Carolina. Escribe de moda, arte y estilo de vida.
mayte.navarros@gmail.com

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