Gente que Cuenta

La bella durmiente y el príncipe azul, por Álvaro Ríos

Brewtnall Atril press
Edward Frederick Brewtnall,
La bella durmiente
antes de 1902

Bueno, ya sabemos de qué va el asunto: el lecho de flores, la campana de cristal, los gnomos que cuidan a la princesa, bla, bla, bla…, y claro, sueño, mucho sueño.

Hasta que, hace apenas unos días, ¡zas!, apareció el príncipe. Éste se inclinó y besó aquellos labios rosados y carnosos. La muchacha abrió los ojos y entonces algo raro sucedió:

—¿Quién eres? —preguntó.

—Soy el príncipe azul, vine a despertarte.

—¡Pues ya era hora! —dijo la princesa malhumorada— ¿Por qué has tardado tanto? ¿Acaso venías en morrocoy?, y ahora, ¿qué rayos hacemos?

—Ser felices para siempre…

—¡Qué aburrido!, ¿y terminar como Caperucita y todos ellos?

—¿Ellos?

Sin esperar respuesta, el príncipe se apuró a decir que había olvidado algo en el palacio y que debía ir en su búsqueda, que al rato regresaría.

En efecto, el príncipe huyó de allí, no entendía absolutamente nada de lo que había pasado pues ese no era el libreto que debían seguir, o al menos, ese diálogo con la princesa le pareció fuera de lugar. Y mientras atravesaba el bosque, la Maléfica, que tenía un parecido sorprendente con Angelina Jolie, y de quien se dijo había fallecido —por otro príncipe y no éste—, de pronto se apareció y observando que el chico era un galán, es decir, un Brad Pitt cualquiera, se llenó de envidia y le lanzó un embrujo que de un soplo lo convirtió en sapo.

Desde luego, la princesa, que había despertado de un largo sueño, quién sabrá qué tanto, un día se cansó de esperar y se dedicó coser un lindo vestido para salir a buscar a otro príncipe, uno que sí se aguantara su locuacidad… Pero, y qué broma que nunca falta un “pero”, en una de esas se descuidó, se hincó un dedo con la aguja de coser y de nuevo fue a parar a la campana de cristal.

Como podrán advertir, queridos lectores, las cosas se complican, pues ahora necesitamos a una princesa para que bese al sapo, pero también a un príncipe para que bese a la bella durmiente.

Ante semejante contrariedad lo único que puedo decir es que estos señores, es decir, Perrault y Disney, uno polvo y el otro helado —no por lo dulce sino por lo frío—, un día de estos a todos nos volverán locos.

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Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuento, poesía y ensayo. Es autor de los libros Sendero de Sombras (poesía), Efimerario (brevedades), Dilemas en el aire (poesía) y Criaturas Mínimas (cuento). Ha sido colaborador de los diarios “El Impulso” y “Diario de Lara” en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal “Letralia”.
alv_rios@yahoo.es

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