Gente que Cuenta

La cita,
por Lucy Gómez

Cuerpo Nacional de Policia Atril press

Bajamos por una larga rampa de cemento, de más de cinco metros de ancho. Es el tubo digestivo que lleva al vientre de uno de los edificios de la policía española. Allí se renuevan los documentos de identidad, se presentan los acusados por un delito, los tienen presos por un tiempo…  trabajan policías, funcionarios y asiste público en general.

Es curioso cómo los revestimientos de los edificios como este impresionan no solo por la arquitectura, sino como por una especie de pátina, algo que exudan. Los centros comerciales tienen un halo intenso y al mismo tiempo suave y falso, comercial y persistente. Dinero, maquillaje, ropa, colores. Olor a comida. Este edificio es todo lo contrario. Lo mínimo de color, lo máximo de utilitario y barato. Lo que esconde, es mucho más que lo que muestra.

Al terminar la rampa se encuentran muchas oficinas, con escasas entradas vidriadas, que llevan a salas con algo de aire acondicionado. Donde voy, una señora con cola de caballo, rubia, gorda, bastante amable, sin uniforme, está en la entrada. Domina dos salas, a mediodía a medio llenar. La población era diversa, inmigrante: un par de familias de ojos achinados, una representación africana bastante gruesa.  Ellas con sus vestidos tradicionales largos y coloridos y ellos, todo lo contrario, casi hip hop con shorts, ricitos y lentes oscuros, acompañando a la familia. La representación latinoamericana éramos nosotros. Y había un par de familias árabes.

La rubia de la entrada despedazó la acumulación de gente en un momento y dio tickets con números que se reflejaron intermitentemente en una pantalla. Pasó todo el mundo en menos de tres cuartos de hora para renovar el documento de identidad. Aprobaron, denegaron, aplazaron, decidieron, después de analizar los números de la entrada, todos los casos en doce mesas encabezadas por policías sin uniforme, que  no  revisan tanto  los documentos, sino a ti.

El primer turno, que trabaja desde temprano en la mañana hasta la una, se deshacía uno por uno. A mí después de pasar una puerta transparente, me llevaron a una mesa de la entrada, donde me escanearon por  completo y  aunque obviaron algún error de tipeo en  la presentación de mi solicitud, que corrigió amablemente la funcionaria, no  faltó la pregunta sobre las peculiaridades de los pasaportes venezolanos, que casi nunca están al  día y que se permiten presentar caducados en España. “¿No tienes otro más cercano?”. Cuando le dije que no, evaluó mi peligrosidad en un segundo y decidió (me imagino) que era casi nula. Así que chequeó de nuevo mi nombre en las computadoras, se dejó de suspicacias, suspiró y me entregó otro papel para una nueva cita, la de la entrega del documento. Al segundo de levantarme, cerró su máquina, tomó su cartera y desapareció.

Lucy Gómez e1647642232444
Lucy Gómez Periodista, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años.
es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores.
lucygomezpontiluis@gmail.com

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