Gente que Cuenta

No hay lo que tú quieres – José Pulido

Cuando la ciudad se congestiona y los automóviles avanzan unos metros apenas, aparecen los vendedores ambulantes que ofrecen espejos redondos, paraguas, llaves inglesas, peinetas de dama antañona, lupas, tornillos para antenas de televisión, mariposas y arañas en cajitas de vidrio, y afiches de Pedro Infante.

Basta que usted necesite comprar un tornillo para antenas de televisión o un alicate de presión, los vendedores aparecen ofreciendo plátanos y mangos y las ferreterías se esfuman. Si usted anda buscando con urgencia una de esas lupas que introducen agresivamente por la ventanilla en el tránsito detenido, solo encontrará vendedores ambulantes pregonando mentol chino y manteca de culebra.

Si el médico le dice que lo estítico se le pasará tomando jugo de tamarindo, en cada semáforo todos querrán venderle medidores de aire y destornilladores.

Cuando la cola es larga y el calor intenso, brotan los vendedores de tostones. Si llueve y cae granizo emergen las cavas con agua mineral y helados de parchita.

Es cierto que en invierno venden paraguas, en carnaval ofrecen máscaras, el día de los enamorados tienen flores y peluches y en diciembre sacan la cohetería.

Pero hubo un día en que, a lo largo de una descomunal tranca, estaban vendiendo ratoncitos blancos, mascotas graciosas que solo fascinan a los niños y a los adolescentes y parecen una prolongación de la mejor ternura animal, pero que a mí se me antojan simples ratones que dejan cagarrutas por todas partes.

Aún no me explico por qué los vendedores ambulantes la agarraron por ese lado, pero tampoco entiendo el motivo que me impulsó a comprar dos bichitos de tal calaña. Después me volví loco: no sabía dónde estaban. Se perdieron debajo de los asientos o entraron a la maleta del carro. Llegué a pensar que se estaban comiendo los cables del condensador.

Y tuve un mal pensamiento: No me extrañaría que esos ratones trabajen de común acuerdo con los mecánicos.

Después tuve un día muy raro: un caucho se reventó y abrí la maleta para cambiarlo. Así me enteré de que me habían robado el gato. Pero andaba circulando por ahí con dos ratones.

José Pulido
Poeta, narrador y periodista venezolano. (Villa de Cura, Aragua, 1945). Reside en Génova, Italia. Fue director de varias revistas culturales y páginas de arte de los diarios venezolanos más importantes de los 80 y 90. Entre sus poemarios, Los poseídos fue Premio Municipal de Literatura 2000 . Tiene libros de cuentos , entrevistas y biografías , además de 8 novelas . Una de ellas ,El bululú de las ninfas (2007) fue Premio Miguel Otero Silva . Sus poemas están publicados en antologías de lengua española e italiana. Es finalista del premio internacional de literatura Pilar Fernández Labrador 2021, de Salamanca,España.
Jipulido777@gmail.com

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