Gente que Cuenta

Por estas calles no pasan taxis – José Pulido

Chistian Arnold
Suburbios
1931

Por esta calle no pasan taxis.  Ni siquiera es una calle completa. No supera las dos cuadras. Es una especie de media luna. Comienza en una esquina que da a la avenida, se hunde hacia el sur y traza una curva que recorre ocho edificios.

Al final hay una plazoleta que no conmemora nada y por tal razón se llama únicamente plazoleta.

Un gato muy flaco y enfermo camina hacia la plazoleta y se enrosca en ella. Su piel parece un retazo de alfombra sucia. Es un gato siamés venido a menos. Dicen que muchas familias están abandonando a sus mascotas.

El gato siamés debe haber venido de otro lugar, porque esta calle es de una clase media que alcanzó su auge en otras décadas y ahora subsiste, sobrevive. Sus habitantes actuales carecen de los atractivos que generan visitas afectuosas. Aquí solo llegan personas que insisten en regalar folletos evangélicos o en vender enseres de plástico.

Hay muy poca actividad visible. Los martes llega el hombre que trae el agua mineral. Es un ciudadano apocado que siempre anda con la cabeza agachada vigilando las ruedas de su carrucha y el equilibrio de los botellones.

Sin embargo, su aparición es mesiánica para los vecinos. Lo reciben como un portador de buenas nuevas. El agua que brota del grifo es de un tono marrón hediondo apocalíptico.

-Uno se pierde buscando esta calle- repite cada vez que alguien lo escucha. Lo hace a manera de refunfuño.

Otras calles tienen referencias simbólicas: una panadería, una licorería, un templo, una farmacia. Aquí solamente hay apartamentos con sábilas, helechos o telas descoloridas colgando en sus balcones.

Los pocos edificios se estrenaron en los años cincuenta y sus habitantes envejecieron: abuelas y abuelos que se han quedado solos en esos apartamentos.

Los jóvenes que alguna vez alteraron y alegraron con sus bullicios este fragmento de urbe, se han marchado a otros países.

Quizá salgan de sus cuevas en Navidad. Ocuparán la calle con sus bastones, sus cabezas pecosas de cráneos visibles bajo el transparente algodón; ganchos de ropa los hombros; ellas y ellos siguiendo a los perros con bolsas de plástico a manera de guantes. Y todos pensando en otras felices adversidades, como la dolorosa avalancha de fotos que llega por internet y atraviesa sus pechos con el puñal de las imágenes tiernas, divertidas, sensaciones de vidas que comienzan.

-Ahora mis nietos conocen la nieve…-murmurará alguno.

José Pulido

Poeta, narrador y periodista venezolano. (Villa de Cura, Aragua, 1945). Reside en Génova, Italia. Fue director de varias revistas culturales  y páginas de arte de los diarios venezolanos más importantes de los 80 y 90. Entre sus poemarios,  Los poseídos fue Premio Municipal de Literatura 2000 . Tiene libros de cuentos ,  entrevistas y biografías , además  de 8 novelas . Una de ellas ,El bululú de las ninfas (2007) fue Premio Miguel Otero Silva . Sus poemas están publicados en antologías de lengua española e italiana. Es finalista del premio internacional de literatura Pilar Fernández  Labrador 2021, de Salamanca,España.

Jipulido777@gmail.com

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