Gente que Cuenta

Sin un rastro de sangre, por Álvaro Ríos

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Pierre Bonnard
Estudio para Tarde en el jardín
1891

Cada sábado, sin falta, la señora Gisela entra muy temprano a la panadería y hace su pedido. Una vez servida, pasa por nuestra mesa y saluda al profesor Chaviel quien, desde hace muchos años, se reúne conmigo para conversar sobre literatura.

Hoy, sin embargo, ha permanecido un poco más, pues desea exponer un problema a su amigo.

—Profesor, necesito hacerle una consulta. ¿Dispone de algo de tiempo para una camarada? —preguntó.

—Claro. Usted dirá.

—Pues, mire, quisiera pedirle un favor. Se trata de mi hija. La pobre lleva encerrada un par de meses. Desde que aquel hombre la devolvió no ha querido salir de su cuarto. Dice que lo único que quiere hacer es leer y escribir…

—A ver, a ver, ha dicho usted, desde que la devolvieron, ¿eso dijo?

—Eso dije, ¡sí señor!

—¿Me toma usted el pelo?, mire que ya no me queda. Además, estamos en pleno siglo XXI.

—Pues, su novio, con el que se casó, es del medio oriente, y esa gente piensa distinto, ¿qué le vamos hacer? En todo caso, necesito que usted me ayude a que salga de la depresión. Tal vez pueda enseñarle a escribir historias…

El profesor Chaviel cerró la charla con un “no se preocupe, tráigala”

En efecto, para el sábado siguiente la joven se reunió con nosotros y en pocos minutos pudimos advertir sobre su talento, de modo que sólo había que orientarla y pulir sus habilidades con una buena dosis de lectura y unos cuantos ejercicios de redacción.

Más adelante, cuando la chica ya nos había agarrado confianza, se afanaba en un ejercicio sobre desarrollo de diálogos, cuando el profesor Chaviel comentó:

—Sabes, querida amiga, hace poco estuve por Colombia. Es increíble el avance de esa gente. Por allá tienen clínicas donde lo reconstruyen todo, incluso aquello. ¿No pensaste en esa solución antes de ir al altar?

—Sí, pero no podía pagarlo, tampoco podía pedir dinero a mi futuro esposo, ese tacaño habría rastreado hasta el último centavo de ese dinero.

—Es una verdadera lástima —dijo el profesor—, hubieses podido quedar como nueva, y claro, lo que venía después ya sabes que no duele.

—Sí profe, ya lo sé, ya lo sé… —dijo enterrando su cara en el cuaderno.

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Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuento, poesía y ensayo. Es autor de los libros Sendero de Sombras (poesía), Efimerario (brevedades), Dilemas en el aire (poesía) y Criaturas Mínimas (cuento). Ha sido colaborador de los diarios “El Impulso” y “Diario de Lara” en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal “Letralia”.
alv_rios@yahoo.es

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