Gente que Cuenta

Sobre retratos – José Pulido

Francesco del Cosso,
Santa Lucía (detalle)
1477 / 1478

El emperador Adriano, cuya sensibilidad y sabiduría renacieron en la escritura de  Marguerite Yourcenar, habla del cuerpo y lo describe así:  “…ese instrumento de músculos, sangre y epidermis, esa nube roja cuyo relámpago es el alma”.

Desde la antigüedad se ha dicho que los ojos son espejo o ventanas del alma. El apóstol Lucas dejó por escrito que “La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas.”

Al igual que Platón, con su ejemplo de la caverna, todos los sabios tocaron alguna vez el tema de la visión conectada a la mente y a los sentimientos, a la realidad y al espejismo.

Las primeras fotografías que le hicieron al ser humano eran tan lentas que las personas aparecían con los ojos cerrados. Cuando la técnica avanzó y se captó en menos tiempo la imagen, surgió el retrato que no solo mostraba lo físico sino también la expresión y con ella lo que el retratado sentía en aquel momento.

El retrato, que se inició como elemento de arte en la pintura y el dibujo, alcanzó niveles muy altos con la fotografía y todavía sigue siendo un motivo inagotable. Porque quien retrata interpreta al retratado y la atmósfera que se crea entre ambos forma parte de la fascinación que se percibe cuando el retrato cobra cuerpo y queda finiquitado.

La cámara fotográfica es una extensión del ojo y el teléfono móvil, con su cámara sensible y ubicua también lo es, aunque no sea necesario colocarla pegada a la vista. Y ya se ha dicho con mucha razón: el ojo es lo más parecido que hay a una cámara fotográfica. El móvil es lo más parecido a la mirada unida con la mente y la necesidad de materializar los pensamientos, las ideas. Es un estilo de vida. El celular es un estilo de vida y ya nada será igual si no lo tienes a mano.

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