Gente que Cuenta

Un pedacito de ti – Luli Delgado

Del álbum “El Circo”
Fernand Leger
1950

No creo que hay mucho qué polemizar en cuanto a que nuestros motores primarios, sal y azúcar de nuestras vidas, son los afectos, que mientras más se cultiven y más haya, pues tanto mejor.

Ahora bien, si por unas o por otras no siempre están al alcance de nuestra mano, nos armamos de una batería de sucedáneos que nos refuerzan los recursos de la memoria. La lista es infinita y viene rodando desde tiempos inmemorables.

Los caballeros de las Cruzadas se iban al buscar el Santo Grial con el pañuelito de las mujeres de sus vidas apretado contra el pecho, y, de preferencia, con un mechón de su larga cabellera. Una cinta, un relicario, les servían de amuletos amorosos para, a pesar de las distancias, mantenerse algo de sus afectos ahora remotos.

Esta costumbre, si bien se ha modernizado, en esencia sigue siendo la misma. Llenamos nuestras carteras con las fotos de la familia, usamos el anillo que consagra nuestra alianza de pareja, ponemos los dibujos de nuestros niños en el imán de la nevera, poblamos nuestras salas con las fotos de la gente que queremos, y guardamos como tesoros de valor incalculable cualquier objeto, regalado o alguna vez compartido, que nos vincule a todos aquellos que nos resultan tan importantes.

la suerte de estos objetos está sujeta a los vaivenes de nuestras prioridades

Parecería que nuestra memoria afectiva por sí sola no nos resulta suficiente, pero esta necesidad no se limita solamente a las personas. También se extiende a los lugares que resultan especiales a nuestro corazón. Las personas que viven en países diferentes a aquel en donde nacieron, siempre guardan algo de su tierra, cuando viajamos no es raro que regresemos con una réplica de algún monumento que visitamos, o con toneladas de fotos de cada uno de los sitios que nos tocó conocer.

Pero la suerte de estos objetos está sujeta a los vaivenes de nuestras prioridades, que con el pasar del tiempo no siempre siguensiendo las mismas. Impresiona nuestra capacidad de deshacernos sin más de cosas que en un momento dado hubiéramos hecho lo imposible por salvar, pero para eso somos humanos y tampoco es ésta una actitud que ni comenzó ni terminó con los caballeros medievales.

Luli Delgado es periodista venezolana, Master en Artes de Cine y  Video – por The American University, Washington, DC.
Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, y Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas.
delgado.luli@gmail.com

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