Gente que Cuenta

Una rosa es una rosa es una rosa – Lucy Gómez

Florero con rosas
Vincent van Gogh
1890

Seguro que en el jardín del Edén había rosas.  Desde entonces, no conozco jardinero que abierta o secretamente no haya querido tenerlas. No se puede con su poder subliminal.

Las había en los jardines colgantes de Babilonia.  El rey Sargón saqueaba los arbustos de rosas  porque para él eran valiosas como botín de guerra, cinco mil años antes de Cristo. Los jardineros chinos las empezaron a cultivar dos mil años después. El nombre de la flor es  idéntico desde los romanos hasta hoy. Quienes estudiaron latín pueden recordar una lección famosa de las primeras declinaciones: “rosa, rosae, rosarum, rosa…

Y aunque no fue muy apreciada como símbolo por  los primeros cristianos porque la asociaban al paganismo, en la Edad Media fue cultivada en los monasterios por su valor medicinal y su belleza, llegando a formar parte de la iconografía  católica por su relación con la Virgen María  y el Rosario.

Era la flor preferida de los jardines isabelinos  ingleses  y en 1806 la emperatriz Josefina tramitó un pasaporte especial  al  viverista Lewis Kennedy,  para que se las trajera a París desde Inglaterra. Así empezó el jardín de la Malmaison, donde llegó  a tener 250 tipos de rosas, todas las conocidas de su época. Su amigo Aimé Bompland viajó con Alexander von Humboldt a América  y le llevó también especies  de plantas  para aquel jardín , que obtuvo como parte de su acuerdo de  divorcio con Napoleón y que aún existe.

Del rosal que es un arbusto con espinas, se cuentan 100 especies y más de 30.000 híbridos,  variedades  producidas por jardineros.

Les creo si me cuentan que no tienen sitio para un rosal de 5 metros, ni siquiera de dos y medio, pero pueden tenerlo en una maceta o convertirse en  dueños de un rosal miniatura. Lo que se necesita es colocarlo al sol y plantarlo en   tierra alimentada con compost o con estiércol  bien tratado. Hay especies de sombra, pero son pocas. Hay que regar  la planta  muy bien y no volverlo a hacer hasta que la tierra deje de estar húmeda.  A los rosales les gusta la harina de huesos y   cuando dejan de florecer hay que podarlos.

Con las rosas, no solamente se alegra la vista y se relaja la mente: son la base de mermeladas, postres, popurrís y canciones. Si te pinchas con sus espinas, puedes recordar la de Mecano de los noventa, aquella  rumba flamenca que  dice:  “quise  cortar la flor más bella del rosal, pensando que de amor no me podría pinchar y mientras me pinchaba, me enseñó una cosa, que una rosa es una rosa, es una rosa”

Lo mismo pensaba Gertrude Stein , la autora de la frase y del poema de donde se extrajo. La primera rosa de su frase es una mujer.

Lucy Gómez Periodista, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años.
es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores.
lucygomezpontiluis@gmail.com

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