Gente que Cuenta

Aprender a navegar para no naufragar – Felipe González Roa

 

El placer de leer: abre la imaginación, permite acariciar ideas, recorrer el mundo, visitar lugares desconocidos, descubrir otros que parecían evidentes. Profundiza el conocimiento, amuebla nuestra cabeza. Las más importantes transformaciones que se han registrado en la historia humanidad fueron primero escritas en las páginas de los libros.

El mundo siempre se ha dividido en dos ciudades: la de los pobres y la de los ricos. Todavía hoy, a pesar de toda al agua que ha pasado debajo del molino, esta triste situación se sigue sucediendo. Pero dentro de esas dos metafóricas urbes se escondía una división aún más grotesca: la de aquellos que sabían leer, y por lo tanto tenían acceso al conocimiento, y la de los otros que no tenían esa posibilidad y, por lo tanto, quedaban excluidos de los debates y de las ideas.

Uno de los mayores triunfos de la humanidad, tal vez el logro más relevante (y probablemente menos reconocido) del siglo XX, fue cerrar esas brechas, sobre todo en países alejados de los tradicionales centros de poder. Hoy, como nunca antes, hay más personas que saben leer. Por supuesto, todavía hay muchos otros abismos que saltar, pero, al menos ese, paulatinamente se ha logrado reducir.

La instrucción gratuita y obligatoria figuró en prácticamente todas las reformas de aquellas sociedades que querían abrazar la modernidad. Las escuelas enseñaron a leer a las masas en un intento de lograr que la democratización del conocimiento abriese más oportunidades y facilitara la salida de la pobreza.

Por supuesto, esta estrategia fue la correcta, y todavía lo es. Cualquier país que desee avanzar necesita construir con la gente, a la cual hay que darle las herramientas necesarias para hacerlo, aquellas que vienen cubiertas de ideas, de letras y de libros.

Sin embargo, en pleno siglo XXI es necesario completar esa formación con la imperativa destreza para navegar por internet y para comprender las características de la red.

...en pleno siglo XXI es necesario completar esa formación con la imperativa destreza para navegar por internet y comprender las características de la red

Por supuesto, se debe garantizar el acceso a la web (algo que todavía muchos países no logran), pero también es importantísimo brindar las nociones fundamentales para saber separar la paja del trigo en las plataformas digitales.

Internet es maravilloso. Como prácticamente todos los inventos de los seres humanos puede traer fabulosos beneficios, pero al mismo tiempo, y es algo que se puede ver a diario, también permite espacio para desplegar odios y mentiras. La culpa, por supuesto, no es del instrumento sino, paradójicamente, de los mismos hombres y mujeres que lo (mal) utilizan.

La educación, en las familias, en las escuelas y en las universidades, debe incluir, por lo tanto, los fundamentos esenciales para que todos puedan realmente aprovechar las bondades de la web, para que realmente acerque todos los rincones del planeta. Una apropiada educación digital permitirá que muy pocos naufraguen al intentar navegar en esta red.

Felipe González Roa es periodista, con 17 años de experiencia en la cobertura de la fuente judicial y de derechos humanos. Escribió para periódicos como El Universal, Notitarde de Carabobo y El Tiempo de Puerto La Cruz. Es especialista en Opinión Pública y Comunicación Política, y actualmente es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila
Jfelipegr@gmail.com

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