La guayaba,
por Leonor Henríquez
read it in English Cerré los ojos y dejé que su dulzor se deslizara por mi garganta y por mis recuerdos.En el jardín de la casa de mi infancia había dos matas de mango, una de cambur, un árbol de aguacate y uno de guayaba.También surgían trinitarias y rosales que regalaban sus aromas. Al fondo, una pared cubierta de Riqui Riquis donde los colibríes iban a beber.A mí como niña, toda esa exuberancia me resultaba “normal”.Hoy en día, después de una breve convalecencia, cuando el termómetro se desploma y marca -20° C y la nieve cubre con su manto luminoso mi paisaje canadiense, recordar aquel idílico vergel me resulta extraordinario.Y todo gracias a un cartón de jugo de guayaba que me regaló una buena amiga.Ni sabía que se conseguía en estas árticas latitudes, pero sí y, además, marca D...






