Olvidar lo malo,
por Soledad Morillo
Intento, aunque todavía no lo consigo, apartar de mi mente los recuerdos más amargos de la enfermedad de mi marido. Olvidar es necesario: los malos recuerdos son una pesada bola que nos impide avanzar. Y, sin embargo, dejar atrás lo malo no es negar lo vivido, sino hacer justicia a todo lo bueno que también hubo.
Hacemos demasiadas cuentas; solemos privilegiar más los sufrimientos que los placeres, los goces, los logros. Como si el dolor tuviera un megáfono y la alegría hablara en voz baja. Como si lo oscuro se impusiera por pura insistencia, aun cuando la luz haya sido más generosa.
Y entonces aparece un idiota —porque eso es— que me dice: “tienes que olvidar a tu marido”. Qué estupidez. No se olvida a quien se amó; no se archiva una vida compartida como si fuera un papel viejo. Lo ...












