El día siguiente,
por Soledad Morillo Belloso
No empieza. Se desliza. Como un animal que se mueve lento en la espesura, un cuerpo tibio que aún guarda el olor de la noche anterior. En su pelaje lleva restos de sueños, una rendija por donde se coló el insomnio, un susurro que nadie respondió, pero que insistió en quedarse.Lo que no dijimos se convierte en bruma, y lo que callamos —por miedo, por pudor, por no saber cómo— se cuela por las roturas del día como lluvia fina, persistente. Y lo no hecho —ese temblor que no encuentra destino— se acumula bajo la lengua, como polvo detrás de la puerta, como sombra que nos sigue sin nombre.El día no despierta en blanco. Viene cosido desde adentro, con puntadas invisibles hechas en otra parte, con otra aguja, con otro hilo. Caminamos su superficie creyendo que es nueva, pero cada paso ya estaba ...












