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Soledad Morillo

Leonardo me hizo palpitar, por Soledad Morillo Belloso
45b, Soledad Morillo

Leonardo me hizo palpitar, por Soledad Morillo Belloso

Da envidia, sana, pero mucha envidia. Y gusto, de ese que no se gasta ni se deshilacha.Cuando usted ve una serie, una película, una obra de teatro, quizás no se pasea por un hecho: todo comenzó con un escritor, aterrado, frente a un espacio en blanco. Da igual si es una hoja de papel o la pantalla de un computador. El miedo va desde el corazón hasta las puntas de los dedos. Uno teme lo que puede pasar. Y teme mucho más que transcurran minutos y nada pase.Las musas debieron estar de muy buen modo y ánimo ese día, esa tarde o esa noche en que Leonardo Padrón se plantó, con ese coraje para enfrentarse al miedo que solo sienten los valientes, y empezó a escribir "Pálpito".No voy a hacer spoiler y no voy a gastar ni una letra en revelar la compleja trama. No quiero arruinarle a usted que me lee...
Mandarina del Carmen – Soledad Morillo Belloso
23b, Soledad Morillo

Mandarina del Carmen – Soledad Morillo Belloso

Yadira quería parir un 16 de julio, como ofrenda a la virgencita. “Si es varón, ojalá me salga con vocación religiosa. Si es niña, que le guste hacer flanes”, decía. Despuntando aquel 16 de julio, rompió fuentes. En el ambulatorio a nadie sorprendió verla en pleno afán de parto. Feliciana la partera asistió al doctor, un muchacho recién graduado de la Vargas. A la hora se escuchó el llanto de una hermosa niña. “¿Y cómo le vas a poner?”, preguntó Feliciana. “Mandarina del Carmen”. Al crecer, Mandarina se hizo diestra en hacer flan de mandarina. Pero pasó que un año llovió cuando no tocaba y se arruinó la cosecha. Mandarina del Carmen  estaba ese año en Guatire, estudiando para maestra. Cuando supo lo que pasaba, averiguó de una iglesia para ir a rezarle a la Virgen del Carmen. L...
El dulce de pomarosa del General – Soledad Morillo Belloso
21a, Soledad Morillo

El dulce de pomarosa del General – Soledad Morillo Belloso

Al General le encantaba el dulce de pomarosa. Decían en Naguanagua que le apaciguaba el  proverbial mal genio. En la cocina, la vieja aya le explicaba a la ahijada cómo hacerlo. -Pon atención, muchachita, que esto hay que hacerlo con muchísimo cuidao’ y sin andar con prisas. Mira, necesitas como veinte pomarosas, como éstas, bien maduras. Y como un litro de agua, más o menos un cuarto de kilo de azúcar, y pétalos, pétalos de rosas blancas o de rosas miniaturas. Y necesitas también agua de rosas o de azahares. Pon cuidao’, pues. Cortas las pomarosas por la mitad y les das  forma de casco, así. Les quitas las pepitas y las guardas aparte. No las vayas a botar. Pones en la candela el litro de agua con el azúcar. Entonces, cuando empieza a espesar, metes los cascos de pomarosas, y quitas...
Canción para bordar pañuelos –  Soledad Morillo Belloso
35a, Soledad Morillo

Canción para bordar pañuelos – Soledad Morillo Belloso

Es de noche. Miércoles. Es tarde. Acabo de saberlo. Me pregunto cómo se canta un adiós a alguien que nos llenó la vida con su música y que se nos fue. Y en medio de esta congoja en silencio no se me ocurre otra cosa que bajar el volumen del ruido tan simplón y tan insensato que nos aturde el corazón, y buscar sin carta de navegación en mis memorias las caricias que Chelique tuve la gentileza de obsequiarnos. No voy a hacer una semblanza de este cantor de sueños. Eso se lo dejo a quienes hoy quizás consiguen sentir una tristeza menos invasiva. La mía está repleta de murmullos, de quejidos. Busco en una maleta vieja un pañuelo. Quiero bordarle la palabra ansiedad. El país que Chelique acarició con versos y melodías existe. Él lo escuchaba y lograba escribirlo y describirlo con una dulz...
Escribir en versos –  Soledad Morillo Belloso
24c, Soledad Morillo

Escribir en versos –  Soledad Morillo Belloso

Sí, "llorá", en andaluz. Con tilde en esa "a". Necesito un pañuelo para secarme las lágrimas. Un pañuelo blanco y limpio, de algodón, con olor a lavanda y a jabón. Un pedacito de tela que me ayude a quitarme esta neblina de los ojos que no me deja mirar. Dame un pañuelo que me recuerde que los que se han ido no se irán nunca de mi respaldar. Un pañuelo para un adiós sin despedidas. Que todo es un hasta luego que no existe el nunca jamás. Dame una telita para agitarla al viento y dejarla como seña para el reencuentro. Dame, virgencita, un pañuelo para anudarlo con pétalos de azahares. O para sembrarlo en el jardín de rosas. Un pañuelo para secar mi llanto, que no es sino un racimo de versos para no olvidar. Dame un pañuelo blanco y bel...
El Negro en Camisa de misia Amanda – Soledad Morillo Belloso
20a, Soledad Morillo

El Negro en Camisa de misia Amanda – Soledad Morillo Belloso

Misia Amanda era siempre invitada a Naguanagua a la celebración de la Begoña. Era de Aragua, pero las familias eran amigas de toda la vida. Así que cada agosto preparaba su Negro en Camisa. Lo hacía con cuidado, para que estuviera bueno y el  párroco no se quejara. No se le olvidaba que un año el curita había puesto el grito en el cielo porque “el negro estaba rancio y la camisa piche”. Ese día estaba con una ahijada que vivía en Caracas pero que estaba de visita. Le explicó: -Pon atencion. Necesitas 300 gramos de chocolate en polvo semi amargo; 300 gramos de azúcar; 300 gramos de mantequilla; 6 posturas; tres cuartos de taza de harina leudante; y además leche y agua. Esto para hacer el bizcocho. En un perol de cobre o acero inoxidable, colocas media taza de leche en baño de María, all...
El asado negro de Leticia – Soledad Morillo Belloso
18b, Soledad Morillo

El asado negro de Leticia – Soledad Morillo Belloso

Yo creo que en los fogones y calderos está buena parte de lo que somos como seres humanos. Eso aparece como leit motiv en mis cuentos y novelas. Mis personajes cocinan y comen. Así, como narro a seguir, la Leticia de mi “Eufemia” prepara su asado negro. "... Lo preparó con sus propias manos, usando la receta que su abuela Corazón le había enseñado: - Mira, muchachita, ¡pon cuidao! Para preparar el asado negro necesitas un muchacho redondo de kilo y medio más o menos. Necesitas además una taza y media de aceite de maíz, una taza de papelón rallado, una cebolla grande cortada en cuadritos pequeños, tres cabezas de ajo machacado, un kilo de tomates maduros, media taza de vino tinto, una pizca de sal y pimienta negra recién molidita. Escucha bien. La noche anterior, agarras el muchacho y...
Si tuviera que emigrar – Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 13b

Si tuviera que emigrar – Soledad Morillo Belloso

Todos los venezolanos de bien, y en particular los que hemos hecho de la lucha por la democracia un  propósito de vida, sabemos que podríamos vernos forzados a migrar.Entonces, con frecuencia, mi marido y yo hablamos sobre el asunto. Y nos planteamos a dónde nos iríamos.Sería un lugar pequeño, pueblo o ciudad de pocos habitantes, dónde la vida sea sencilla, sin adornos ni miriñaques. Nada de grandes urbes. Un lugar donde conectar con los parroquianos, los del abasto, la panadería, la carnicería, la pescadería; un lugar de saludarse con el frutero, de tomar un café en una esquina y que la gente responda el buenos días con una sonrisa. Donde se escuche el canto en una iglesia los días de culto y las gentes caminen por parques y plazas y se den la bienvenida con gestos amables. Un lugar donde...
Se habla español – Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 11 c

Se habla español – Soledad Morillo Belloso

Si algo me place es tener como lengua materna al idioma español. Es hermoso, vibrante, amplio. Sencillo, que no simple. Riguroso, que no inflexible. Variado, divertido, dinámico. Permite decir, intuir, referir y, sobre todo, comunicar. Es una de los mejores legados del encuentro de dos mundos.El español es una de las lenguas más importantes hoy y crecerá en relevancia con el correr de los años. Hay predicciones sensatas que establecen que para 2050 habrá más de 600 millones de hispanohablantes.Algunos datos sobre este maravilloso idioma: a la fecha es hablado por unos 489 millones de personas en todo el mundo; es la tercera lengua del mundo en hablantes (primero el chino mandarín con unos 1.000 millones y el inglés con 501). El español es lengua oficial hablada en 29 países. Según estimaci...
Nuestros doscientos años – Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 11 b

Nuestros doscientos años – Soledad Morillo Belloso

Aunque parezca insólito, yo fui primero a Nueva York que a Carabobo. Fácil explicación. Vivíamos en Maracaibo. Mis idas a Caracas eran en avión. Todos nuestros  viajes por tierra consistían en recorridos por el Sur del Lago y Los Andes. Cuando mis papás armaron nuestra mudanza familiar a Caracas, mi hermana Mercedes y yo fuimos a Nueva York por razones médicas. Pasamos más de un mes allá y volvimos a Venezuela por barco, en el Santa Paula, en travesía desde el puerto de NY hasta el puerto de La Guaira, previo un toque de unas horas en Curazao. Ya la familia estaba instalada en una casa alquilada en la urbanización Altamira en el este de Caracas. A mí me tomó mucho tiempo adaptarme al cambio. Tan pronto hubo unos días libres, mi papá organizó viaje por carretera a la finca, La Glor...
Oda a la ensalada rallada – Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 16b

Oda a la ensalada rallada – Soledad Morillo Belloso

Existes desde épocas del Imperio Romano, tiempos aquellos de hombres con faldita o túnica. Entonces eras servida en mesas de plebeyos, patricios y grandes guerreros. Ayudabas a amainar el calor de los veranos. Calpurnia calmaba sus tristezas haciendo de ti compañía amorosa. De origen honesto, ofreces un placer cándido, sin sobresaltos. Eso te hizo preferida de los modos austeros de doña Isabel, Reina de Castilla y señora también de otros reinos. Estás así en la historia de la catolicidad. En otros mundos te hiciste compañía leal y sincera. Que así lo reflejan los registros de los señores indianos, que te servían tanto en platos de barro cocido como en aquellas cerámicas arreboladas. Eres de yantares en palacios y casonas y también de hogares con posibles. Eres de pobres y ricos, d...
Nunca sobra –  Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 15b

Nunca sobra – Soledad Morillo Belloso

Esconden, revelan, definen. Son historia.En el medioevo, las mujeres usaban altos conos con largos velos. En el S. XVII  sombreros de paja pequeños y planos sobre grandes pelucas. En el XVIII y principios del XIX, cofias adornadas con lazos y cintas. A fines del XIX, sombreros de ala con flores, cintas, plumas y pájaros. Décadas más tarde,  ajustados y de ala pequeña o sin alas, los cloches. En la Edad Media, los hombres usaban capirotes y gorras. En el XVII, los de chimenea; en el XVIII, tricornios con ala plegada formando dos puntas, como Napoleón. En el XIX, de copa y  bombines. Al comienzo del XX, sombreros de pajilla con listón de gros. En el XIX y parte del XX, nadie salía sin sombrero. En la Belle époque se abrió un restaurant en París al cual los caballeros llevaban a las “otras se...