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Fabergé, un nombre vinculado a la realeza – Mayte Navarro

Fabergé en Londres: Romance a la Revolución es el título de la exposición que estará abierta  hasta mayo de 2022 en el Museo Victoria y Alberto de Londres. Además de los famosos huevos que el joyero creó para la familia imperial rusa también figuran otras piezas que son un claro ejemplo de su alto nivel como artesano.

Si el éxito de este hombre en la corte rusa es indudable, éstos no fueron los únicos monarcas que estuvieron encantados con su obra. La casa real británica también se sintió atraída por estas joyas y la sociedad británica no se quedó atrás, tal es así que Faberge abrió una sucursal en Londres.

En esta oportunidad, el público podrá admirar algunos de sus legendarios huevos de Pascua. Cabe recordar que estas piezas las diseñaba para el Zar Nicolás que optó como costumbre regalárselos a su esposa, la zarina.

Si la belleza y el contenido artístico son innegables en estas joyas, hay otro elemento que las hace atractivas al espectador, la tragedia que acompañó al zar y a su familia. El odio de una clase que se sentía despreciada por sus monarcas, el autoritarismo, la maldad de sus verdugos y el mito, le agrega a estas piezas un significado especial.

La exposición indaga en una empresa que solo tuvo una sucursal, la de Londres. Se inauguró en 1903 y a partir de ese momento  fue el lugar preferido por la realeza, los aristócratas y los ricos.

Los Romanov se convirtieron en los grandes mecenas de Fabergé, llegando a ocupar el cargo de joyero oficial. Pero estas piezas también guardan un trozo de historia pues se encargaron para determinadas fechas como es el caso del  libro de oraciones que Nicolás II regaló a su esposa Alexandra Feodorovna Románova, nieta de la reina Victoria, el día de la coronación.

Otra joya que llama la atención y revela la capacidad de Fabergé  para crear piezas increíbles es la tiara de diamantes y aguamarina obsequio que recibió el día de su boda Alexandra de Hannover y Cumberland de quien fue su esposo, Federico Francisco IV, Gran Duque de Mecklenburg-Schwerin, cabeza del ducado del Sacro Imperio Germano, independiente hasta 1918. Entre los títulos de Alexandra  figuran los de princesa de Hannover, duquesa de Brunswick-Luneburgo y princesa de Gran Bretaña e Irlanda, pues era tataranieta de Jorge II de Gran Bretaña.

La exposición también narra  la historia de Fabergé en Londres y la influencia de la realeza británica en su éxito, razón por la cual sus piezas llegaron a ser símbolo de riqueza.

Eduardo VII de Gran Bretaña y su esposa, la reina Alexandra, fueron  unos fanáticos coleccionistas de Fabergé, no sólo se encantaron con sus joyas sino que también quisieron eternizar a algunos de sus animales preferidos y Fabergé los talló en piedra. Por ello, aparece en esta exhibición uno de sus perros llamado César y un caballo. Los Windsor poseen unas 900 piezas de Fabergé.

Pero como toda historia, no todos los capítulos son de felicidad. En el caso de Fabergé llegó la guerra y las necesidades cambiaron, aunque el gusto por sus piezas no se extinguió. Y como el instinto de sobrevivencia del hombre es inmenso, la fábrica que engastaba diamantes y esmeraldas en oro, pasó a fabricar material bélico. Al triunfar la revolución, la expropió.

La guerra también cerró la sucursal de Londres. Mucha agua ha corrido desde entonces y Fabergé ha pasado por muchas manos y episodios, no todo

Mayte Navarro.
Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas. Ha ejercido el periodismo en galerías de arte, en el diario El Universal, mantiene el espacio Madame Glamour en el programa radial Las entrevistas de Carolina. Escribe de moda, arte y estilo de vida.
mayte.navarros@gmail.com

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