Gente que Cuenta

Londres, Boston y Nueva York: niebla melaza y monos III

Todo comenzó en la tarde del día jueves 4 de diciembre, y al principio, sólo era una bruma blancuzca algo más densa que la corriente, pero poco a poco, los transeúntes que se fijaban, se daban cuenta de que a duras penas se podían ver los pies y al encontrarse con otras personas, a éstas solamente se les veía la cara como flotando en la espesa niebla; por otra parte las calles tan familiares, adquirían un aspecto extraño y fantasmal.

Transporte público en Holborn Circus en 1952
Associated press

Todos consideraban sin embargo, que era sólo una niebla espesa y que al día siguiente amanecería más despejado. Pero no fue así, pues en la mañana, la capa de niebla era más densa y más húmeda y un extraño silencio comenzó a amortiguar los ruidos cuotidianos de la ciudad. Los vehículos particulares y de transporte a duras penas se movían a tres kilómetros por hora y el tráfico empezó a congestionarse de una manera alarmante. Algunos choferes desesperados por la lentitud de las colas querían adelantarse y terminaban montándose en las aceras o chocando con los postes, pues la densa barrera blanca les robaba todo sentido de la orientación.

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