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Espronceda por la avenida,<br/> por Manuel Pulido Azpúrua
151c, Manuel Pulido Azpúrua

Espronceda por la avenida,
por Manuel Pulido Azpúrua

El tránsito caraqueño ya no es lo que era antes, pero está haciendo todo lo posible por recuperar su viejo puesto en el odio de quienes lo hemos considerado un tormento diario. En la medida que las restricciones viales de la pandemia pasaron a convertirse en un mal recuerdo, las colas también recobraron fuerzas. Pero no quiero hablar del eso, sino comentar algo que conseguí al regresar la vida urbana en las calles. Se trata del renovado oficio de colector de carro por puesto. Desde que los conductores han tenido que disponer uno de sus preciados puestos del pasaje a un ayudante que les cuente el dinero y los acompañe para mejor seguridad, estos van como modernos marinos: En lugar de alzar velas, los colectores ventean a pleno pulmón los destinos de las rutas. Me hacen pensar en un...
Cuando el jardín es el plan,<br/> por Lucy Gómez
151c, Lucy Gómez

Cuando el jardín es el plan,
por Lucy Gómez

Hay varias formas de conseguir un jardín. Por herencia, accidente, ensayo y error o con un plan, seas o no un experto.En el caso de la herencia, puede pasar que hayas vivido en sitios donde ya había un espacio con plantas cuando llegaste. Entonces debes decidir si sigues manteniéndolo o no, si te gusta tanto como para enriquecerlo, cambiarlo, o simplemente conservarlo.Cuando era pequeña, vivía en una casa con un patio central. Allí había jardineras con campanillas blancas, otra con espigas llenas de pepitas amarillas que después supe que era medicinal, el llantén y otras espinosas con florecitas rojas, la Corona de Cristo. Mi madre las regaba cuando se acordaba. No les gustaban ni les dejaban de gustar. Las había encontrado allí y sobrevivieron solamente esas. Teníamos un gran espacio en l...
El pañuelo,<br/> por Leonor Henríquez
151c, Leonor Henríquez

El pañuelo,
por Leonor Henríquez

read it in English      Quién sabe cuáles serían sus pensamientos cuando bordaba aquel pañuelo por allá en los años 1920’s, en un pueblito de Alemania, a orillas del Báltico.Más misterioso aún es cómo aquel pañuelito blanquísimo, inmaculadamente doblado en forma triangular, llegó a mis manos.Tuvo que escapar de la guerra, cruzar fronteras y navegar océanos, Holanda, Inglaterra, para finalmente caer en mis muy venezolanas manos.Lo bordó Tante (tía en alemán) Elizabeth, la fallecida hermana de mi suegra, quien un día, allá en su casita de Gales, me lo regaló.Desde entonces lo he conservado fielmente en mi mesa de noche.Hasta el fin de semana pasado.Mi nieta Natalia, de cinco años, se quedó a dormir conmigo.Inquieta, en la madrugada daba vueltas y vueltas. La noté congestionada. Como ninguna ...
Olores,<br/> por Getulio Bastardo
151c, Getulio Bastardo

Olores,
por Getulio Bastardo

Cuando se estaba creando La Orquesta Sinfónica de Mérida a principios del 91, coincidí en un vuelo de Maiquetía a Mérida en el avión donde también viajaba un grupo de los nuevos músicos de la recién creada orquesta, todos europeos. El mal olor en la cabina era un poco menos que insoportable.Por la misma época un día revisando los clasificados de la prensa local me topé con un aviso que decía más o menos así “ familia inglesa desea convivir con familia local por cuestiones de estudio” y daban un número telefónico. Acepté el reto y llame al número indicado. Se trataba de una familia de tres miembros. El matrimonio y una niña de 7 años. Él, llamado Timoteo, le decíamos Tim era un estudiante de una maestría en Sociología cuya tesis era sobre la cultura latinoamericana;...