Gente que Cuenta

Yo tengo un amigo que… – Luis Alfonzo

Hombres y mujeres
Otto Dix, 1922

La condición de ser médico conlleva, entre otras cosas, la disposición a ser abordado en las más inconcebibles situaciones, fiestas, velorios, filas para entrar al cine o pagar la compra en el supermercado, para atender las llamadas “consultas sociales”, es decir, las preguntas que suelen hacernos amigos y familiares, acerca de cualquier dolencia real o imaginaria, que les afecte, así como, su posible tratamiento y lo que es peor aún, el pronóstico.

Sin embargo, esto no es necesariamente así cuando se trata de psiquiatras, quienes, aunque a veces cuesta aceptarlo, también somos médicos. Al momento de escribir este artículo, llevo 37 años de ejercicio de la Psiquiatría. La prefiero así, con mayúscula y con “Psi”. Casi cuatro décadas, durante las cuales, luego de develada la infausta condición, se produce un breve silencio, acompañado de un cruce de miradas y una enigmática sonrisita que puede denotar a veces, nerviosismo, otras veces sarcasmo y hasta incredulidad.

Las “consultas sociales” que nos hacen a los psiquiatras, muy raras veces son directas y transcurren mediante una rebuscada serie de carambolas a tres bandas, que tratan de ocultar la fuente originaria de la inquietud. El lance suele ser precedido de una expresión anónima, tal como, “hay gente que…”, “alguna gente” y en los casos más íntimos, “yo conozco a alguien”, o “yo tengo un amigo que…”.

Y es que los problemas que solemos atender los psiquiatras corresponden al territorio de la nada. De allí que nuestros colegas médicos, cuando no encuentran un elemento concreto al cual adjudicar la responsabilidad de las dolencias presentadas por el paciente, le dicen muy seriamente: “Usted no tiene nada, le voy a derivar al psiquiatra para que le evalúe”, recibiendo muchas veces como respuesta, la misma sonrisita de Mona Lisa, por parte del paciente, que la mayoría de las veces, no irá al psiquiatra, ni tampoco volverá con el médico que le hizo la ofensiva recomendación.

En este tiempo, he sido testigo también de como algunas enfermedades mentales, han pasado de ser temidas catástrofes, o motivo de vergüenza, para convertirse en etiquetas de moda, que se exhiben con cierto orgullo, como, por ejemplo, el trastorno bipolar.

Pasamos de tener un “amigo que es bipolar” a presumir de “ser una persona con un trastorno bipolar”. Al menos, esta popularidad puede ser una poderosa herramienta contra la estigmatización y discriminación que tradicionalmente han sufrido las personas con enfermedades mentales.

Luis Alfonzo

Médico psiquiatra, venezolano, quien ha transitado por la práctica clínica, la docencia y el desarrollo de políticas sobre salud mental y uso de substancias.

1 Comment

  • Blitz

    He visto a psiquiatras amigos prácticamente rodeados por ese tipo de consulta, precisamente en fiestas. Que bien conocer el punto de vista del psiquiatra…

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