Citas a ciegas,
por Alfredo Behrens
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Pedro y Marcos eran buenos amigos y pasaban por un bajón amoroso en una ciudad no muy grande. Sentían que habían agotado las posibilidades convencionales de conocer a alguien. Conversando, se pusieron de acuerdo en que se meterían en una app de citas para ver si podían cambiarle el rumbo a sus vidas.
Cada uno hizo lo suyo, y cambiando figuritas se sorprendieron al saber que habían combinado encuentros ciegos en el mismo bar, solo que Marcos media hora más tarde. Pedro entró al bar bullicioso con algo de aprehensión buscando a su cita, Emilia, sabiendo que ese probablemente no sería su nombre, pero se alegró al ver a una rubia despampanante que le hacía señas, se acercó, asumiendo que era ella.
La mujer a la que saludó decía llamarse Sara, artista, que también espera...







