Víctimas – Lucy Gómez
Todavía recuerdo la primera vez que entendí lo que significaba ser y dejar de ser víctima. Mi madre contaba lo que había que hacer cuando un marido le pegaba a uno, como le habían hecho a su prima, que sólo se había puesto a llorar. Me miró - estábamos en la cocina- miró al sartén y dijo: “ Si te pasa eso, no llores, tú agarras un sartén y le das bien duro por la cabeza”.Entendí perfectamente.Desde ahí en adelante supe que si me atacaban era posible y aceptable defenderse. En realidad, la actitud del sartén me hizo apartar del convencimiento de ser alguien a quién se podía apalear.Cuando tuve hijos, los metí rápido en clases de kárate, para fomentar la misma actitud de “No soy violenta pero estoy armada”. Mi hija, que a los cuatro años no tenía límites, le pegó con su bota ortopédica...











