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Luli Delgado

Sardinas,<br/> por Luli Delgado
124b, Luli Delgado

Sardinas,
por Luli Delgado

Mi cotidianidad está llena de cosas que me quedo sin entender, pero tampoco puedo andar por la vida pidiendo explicaciones. El otro día en el Metro comenzó a acercarse a mí una persona agitando los brazos efusivamente. Ahí pensé: “O está loca de atar, o acaba de encontrarse con quien había acordado”. Por un momento pensé que venía a mi encuentro, pero no. Me pasó por un lado, perdida en su entusiasmo, y yo resolví no voltear para salir de dudas. Total, no era conmigo. Por fin llegó el vagón que yo esperaba y me monté o me montaron, todavía no estoy segura. En uno de los frenazos casi le caigo encima a un señor, pero quedó claro que no era por asedio sino por mi papel de sardina en aquella lata. Si te agarras del tubo, te mueres de pensar que tocas un tubo que ha tocado un montón d...
Hijas de Eva, por Luli Delgado
123a, Luli Delgado

Hijas de Eva, por Luli Delgado

Mi papá siempre decía a propósito de cualquier manifestación de coquetería femenina: “es que no pueden negar que son hijas de Eva”.Hoy lo recordé porque cuando iba a unirme a una fila, nos pasó por el frente un señor con mucha prisa que empujó el hombro del hombre que se convertiría en la persona antes de mí en la cola. Cuando llegué más cerca él movió su brazo a modo de defensa, a lo que yo le dije: “no se preocupe, que no lo voy a empujar”. Para mi enorme sorpresa me respondió: “¿de verdad no me va a empujar? ¡qué pena!” Aquello me pareció divertidísimo, porque antes de este, no me logro acordar de la última vez que recibí un piropo.Comentándolo con el señor de mi casa, quien ajeno a mis “affaires” me esperaba en la mesa de la cafetería, recordamos la vez que Ceci, con no más de siete añ...
La maleta,<br/> por Luli Delgado
122b, Luli Delgado

La maleta,
por Luli Delgado

A los 94 años Lulucita se mudó a Brasil a vivir con nosotros y su único equipaje fue una maleta mediana donde tenía todo lo que necesitaba y lo que llamaba la atención es que nunca llegó a necesitar nada más. Yo le compré unos zapatos, porque eran de dos tonos y estaba encantada porque se parecían a los de “su época”, y más adelante otros color vino tinto, porque me contó coqueta que nunca había tenido zapatos de ese color. Eso por consentirla, no porque realmente le hicieran falta. En cambio el año pasado, cuando fuimos a pasar las Navidades con nuestras hijas, me llevé más o menos el doble de lo que realmente necesitaba. Es que, si no ponemos cuidado, sucumbimos a la tentación de meter todo lo que se nos va ocurriendo. Después vienen los malabarismos, primero para que la maleta ...
El plumero,<br/>por Luli Delgado
121c, Luli Delgado

El plumero,
por Luli Delgado

El señor de mi casa y yo estábamos esperando a que nos pusieran las vacunas de la gripe y el COVID, cuando frente a la farmacia, en la plaza, vimos un funcionario de aseo urbano con una vara alta en la mano. Terminó siendo un plumero, y su tarea del día era pasárselo a los semáforos. ¡Eso mismo! Supongo que para que el verde quedara más verde y así con el resto de los colores. “Verde, que te quiero verde”, Amarillo, que te quiero amarillo y rojo, que te quiero rojo, mi imaginación se puso a jugar…De los sitios de donde yo vengo, esa tarea simplemente no existe. Es que ni un manguerazo, y dele gracias a Dios que funcionan. ¿Quién la habrá inventado?Lo seguía observando absorta, es que no se me quitaba la sensación de sorpresa, y mientras lo miraba, mi mente iba orquestando una posible entre...
Agua y jabón,<br/> por Luli Delgado
120c, Luli Delgado

Agua y jabón,
por Luli Delgado

Lavar ropa es bien mecánico, pero esta semana la máquina se paró en las patas de atrás y se negó a funcionar. Ni siquiera con el viejo truco de desenchufarla y esperar un ratico. Nada. En el panel de control no cabía una lucecita roja más.  Aquello parecía más bien de submarino nuclear, pero yo soy incapaz de entender a ninguno de los dos y de la tecnología lo único que he aprendido es que no vale la pena discutir, porque es meterte en pleito perdido. Por fin descubrimos que fue que sin querer activé el seguro de niños. ¿Seguro de niños? Ni sabía que existía ni en esta casa hay niños, pero eso sí. ¡Es eficientísimo! Google de por medio, finalmente logramos disuadirla para que funcionara. Pero lo que no se me sale de la cabeza es eso de los seguros anti niños… ¿Qué pudo llevar a lo...
De toda la vida,<br/> por Luli Delgado
119b, Luli Delgado

De toda la vida,
por Luli Delgado

Hay cosas con las que hemos convivido de toda la vida: electrodomésticos, teléfono, radio y TV, entre otros. Nacimos y crecimos con ellos y ni se nos ocurre que hubo una vez en que hayan sido novedad.Hasta aquí vamos bien. Lo que impresiona son las cosas que vinieron después y que resulta que ahora cayeron sin darnos mucha cuenta en la misma categoría.Veamos las fechas.La primera llamada de celular la efectuó un directivo de Motorola en 1973, vale decir, hace exactamente cincuenta años.Más adelante, en enero del 2007 Steve Jobs anunció que estaba a punto de lanzar el primer modelo de IPhone. ¡Hace dieciséis años míseros!Ahora me entero por Suzan Matteo que Google cumple veinticinco años y que Gmail existe desde abril del 2004.Yo recuerdo de pequeña haber consultado los tomos de enciclopedi...
“¡Es chino!”, por Luli Delgado
118a, Luli Delgado

“¡Es chino!”, por Luli Delgado

Una de mis muchas bendiciones sin duda fue haber compartido con mi mamá, Lulucita, sus últimos cuatro años de vida. Durante este tiempo, la línea genealógica se hizo confusa, lo que me hizo que de hija pasé a ser mamá y a través de ella regresé a los días de infancia de mi Ceci. Solamente quien lo vive puede entender. Reviví la emoción que sienten los pequeños con un par de zapatos nuevo, o con un regalito traído de la calle. Cantamos mucho juntas, le prometí su pijama preferida a cambio de que se bañara. En fin, había aprendido a ser mamá con mi hija y ahora me tocaba ser mamá de mi mamá. No sé si eso me convertía en mi propia abuela, pero tampoco me molesté en averiguar. Al lado de la iglesia a la que la llevaba había un bazar de caridad, más que nada de donaciones recibidas en ...
Romper las cadenas,<br/> por Luli Delgado
116c, Luli Delgado

Romper las cadenas,
por Luli Delgado

Cadenas y cautiverio, esclavitud, esas cosas, están inevitablemente asociadas. “Todo aquel que anda de noche arrastrando las cadenas…” cantaba el Gran combo de Puerto Rico. ¿Se acuerdan? Por allá a comienzos de los años 70.Es que las cadenas, a no ser de las que cuelgan medallitas, siempre han tenido muy mala fama.Resulta que me parece que casi tan viejo como la canción, un buen día en la televisión venezolana apareció un comercial de lavaplatos. Nada sofisticado desde el punto de vista de producción y no creo que se haya hecho merecedor de algún premio de esos de publicidad. En cambio, quedó marcado en nuestras memorias.El locutor decía: “¡Libérese! ¡Rompa las cadenas”, mientras una mujer frente a un lavaplatos hasta el tope de cosas por lavar estiraba los brazos y se liberaba de las cade...
Gian Piero, por Luli Delgado
110c, Luli Delgado

Gian Piero, por Luli Delgado

En estos días se han conjugado dos o tres detalles que me han llevado de la mano a mis pocos años y al salón de Gian Piero.Pasé por una peluquería que entre otros servicios ofrecía “peinados para fiestas”. Me llamó la atención, porque si bien hoy en día no creo que sea algo común eso de peinarse para una fiesta, en mi infancia era el pan nuestro.Sigo. Estamos en pleno verano y la bebida favorita de esta estación es sin duda la cerveza. A mí no me gusta beber nada con alcohol, pero en cambio el olor de la cerveza me lleva nuevamente al mismo lugar.Y aquí sí les explico quién fue este personaje.Gian Piero era una peluquería en la Calle Negrín adonde mi mamá iba todas las semanas. Ella no se lavaba el pelo en casa, sino solamente en la peluquería y creo que es la única persona que conozco que...
El mejor aderezo,<br/> por Luli Delgado
112c, Luli Delgado

El mejor aderezo,
por Luli Delgado

Durante mi época de estudios fuera, una Navidad que vine a Caracas fui a saludar a mi abuela. Ella, no muy dada a elogiar, me sorprendió diciéndome que estaba muy buenamoza. “Blanca y repuesta. Te ves muy bien”. Yo le di las gracias, pero sentí que era prioridad máxima irme a la playa y bajar de peso. Es que “blanca y repuesta” no eran, en aquella época, nuestros patrones de belleza. Vamos por partes. Mi generación tenía por costumbre hacer lo que hoy se considera una salvajada: mezclar aceite de bebé con yodo y acostarse empatucada en esa pócima bajo los inclementes rayos solares de El Caribe, que no son cualquier cosa. Otros seguían el mismo método pero con Coca-cola… En cuanto a los kilos, la gran mayoría de nosotras ha pasado buena parte de su vida adulta pendiente de la ba...
Inmortales, por Luli Delgado
109c, Luli Delgado

Inmortales, por Luli Delgado

En una nota publicada en El País de Madrid, el periodista Juan Arias, dicho sea de paso, amigo del señor de esta casa de su época en Río de Janeiro, afirma categórico que el periodismo y la poesía no pueden morir.Me llamó la atención el título y me metí más a lo hondo a ver de qué se trataba. Arias cuenta su experiencia de más de cincuenta años en el oficio, durante los cuales fue corresponsal en Italia, El Vaticano y Brasil, y mientras lo leía recordé frases que en mis días de Caracas eran vox pópuli : “Eso salió en El Universal”, o “Así será que hasta El Universal lo publicó”.Más adelante, cuando tuve la inolvidable oportunidad de trabajar en ese periódico, entendí cómo un verdadero periodista mantiene a nivel la adrenalina mano a mano con la seriedad del oficio. No se publica sin confir...
Esa gente, por Luli Delgado
106b, Luli Delgado

Esa gente, por Luli Delgado

ler em portuguêsEn Rio de Janeiro siempre hace calor y es una ciudad que se sabe bonita e inolvidable. Tal vez por eso no atiende a reglas estrictas y entre playa, fútbol y samba ha creado sus propios códigos.A nadie le extraña ver gente en traje de baño cantando en un bar mucho después de haber anochecido, o que los porteros de los edificios y los mesoneros hayan estado en un mismo lugar desde que todos recuerdan.La playa es el patio trasero de una ciudad siempre vestida a medias, que suda y baila, discute fútbol y política y le encuentra una punta de gracia a cualquier tragedia, heredera de esclavos y aristócratas, en fin, sin igual.Esa es la ciudad de Chico Buarque. Nadie como él la entiende, la conoce, la enaltece y nadie como él se ríe con ella.En esta oportunidad la presenta a través...