Aprieto,
por Carmen Concha-Nolte
Cuando a uno le dicen, No me digas que no, uno cae en un espectro mitad parálisis, mitad compromiso. ¡Sí, eso mismo! Con estas palabras soporté un limbo paralizante y un correlato de adeudo que descartó cualquier intento negativo. Debía comprometerme a dar una afirmación. Pero la presión creció y escaló, y mucho, y muy lejos de mí un vago qué hago, qué hago flotaba en el mismísimo limbo. Yo, en realidad, nunca había estado en un aprieto o apuro asfixiante. Pues muy poco he hecho por obligación en mis (escasas) decenas de años.En este aprieto de no decir no, no, recordé pasajes juveniles cuando caía rendida -convencida o no- a reafirmar que todo era posible, y a desperdigar, con toda inocencia, incluso, que no había imposibles. Aunque, a decir verdad, uno fue aprendiendo con el paso de déc...












