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Carmen Concha-Nolte

Quitaipón,<br/> por Carmen Concha-Nolte
147b, Carmen Concha-Nolte

Quitaipón,
por Carmen Concha-Nolte

En la noche muy dormidos, eso sí, las parejas no dejan de jugar. No dudamos que un sentido de propiedad los avasalla en penumbra y quitan el ropaje que los cubre dejando al otro descubierto y sin calor. Este juego parece una avalancha por tomar la cubierta mancomunada para cubrir el cuerpo, no la desnudez, pues por asuntos obvios muchos optamos por el pijama. El juego empieza cuando uno, que no quiere molestar por sus ronquidos, silbidos o lo inconfesable, se arrincona al borde de la cama. Ya en el rincón, tira, corre el edredón —cobertor, colcha, o como le llame— para su lado. Este asunto de hurto es gracioso y hasta culposo cuando la otra persona despierta sin edredón y con el frío puesto de pijama. Mientras, él o la ladroncilla, para remediar la falta, arrima y repone lo robado c...
La que no está,<br/> por Carmen Concha-Nolte
139b, Carmen Concha-Nolte

La que no está,
por Carmen Concha-Nolte

Una dama es reina sin participar en certámenes de belleza. Eso sí, tiene una corona bien puesta. Florece en otras lenguas por ser la reina del relato conciso. Ana María Shua (escritora argentina) ostenta el reinado de provocar mil sentidos en sus escritos. Ella, probablemente, ignora que jugó con el mundo artificial y robótico… Creo se anticipó al juego de la mujer virtual. ¡Oh!, ella eleva todo a otra dimensión. Esta soberana tiene un relato que perdurará con mayúsculas en el imaginario de quienes lo lean y relean. Se vale de formas lúdicas para nombrar lo inasible como La que no está. Novelar la ausencia es justificable, pero hacerlo con escasas palabras es una maravilla, y titularla La que no está reconfigura a cualquiera. La reina usa una frase figurada para talar nuestro ...
Pasión extra,<br/>por Carmen Concha-Nolte
131b, Carmen Concha-Nolte

Pasión extra,
por Carmen Concha-Nolte

Los novios enrumbaron a su luna de miel cargando como equipaje de mano kilos de arrope y melaza a todo hervor. Bueno, sus manos no tardaron en cruzarse. Al descender del avión, el frío los apretujaba, y sus abrigos de estreno impidieron que se filtrara el clásico viento sur de la zona. En el hotel, no hubo tiempo de desempacar nada. Sin correr las cortinas, la última prenda cayó destronada del corpiño… La pasión trascendió sinfín. El esposo montó el fastuoso Luna park o parque de diversiones y le bajó repetidas lunas a su tibia esposa. A la mañana siguiente, el muy acaramelado le dijo que conocerían la ciudad, sobre todo La Bombonera. ¡Oh!, ella creyó que a las confiterías las llamaban bombonas. ¡Caramba!, eran tiempos sin conexiones de Internet, sin cibercafés, sin teléfonos ina...
Conocer a un Nobel,<br/> por Carmen Concha-Nolte
126c, Carmen Concha-Nolte

Conocer a un Nobel,
por Carmen Concha-Nolte

Mi futura madre —auxiliar en una escuela — quedó fascinada con la personalidad del joven Vargas Llosa. Ella, veinte; él, apenas dieciséis. Con ese puñado de años él propiciaba comentarios en toda la escuela: imponente, astuto, periodista en una redacción, agitador de una huelga estudiantil y ávido por el quehacer cotidiano de todos.De mucho se fue apropiando Mario, sobre todo del aprecio y su celeridad para capturar el mundo. Un día, pasó apurado por el patio de la escuela, y caminó al parejo de mamá, y llevaba periódicos, y casi se cae a sus pies en tono suplicante. Ella, seguramente, hubiese sacado fuerzas de debilidad para ayudarlo a levantarse, claro, excepto si al caer le hubiese desajustado su falda kilométrica.Mamá contempló y admiró al joven durante su último año de secundaria. En ...
Fiesta coctel, por Carmen Concha-Nolte
121a, Carmen Concha-Nolte

Fiesta coctel, por Carmen Concha-Nolte

Conocimos a un hombre que nos asombró por su oído en medio del ruido infernal, parecía abordarnos a la adivinanza o magia: captaba todo lo que hablábamos. Eso. Lo vimos sordo al bullicio. Nosotros no mostrábamos interés ante él ni ante nadie, pero él direccionó su oído hacia nosotras. Al acercársenos, inventamos nuestros nombres según acordamos… Fuimos Madona, Lady Gaga y un par de raperas más. Se nos quedó mirando como descubriendo la treta o magia. Nuestro hombre mago se apegó para que bailáramos con él. El grupo se fue dispersando poco a poco. A mí me convenía quedarme, ¡era tan atractivo! Aunque pensé: seguro vino a besar a muchas chicas. La besuqueada -palabra horripilante- no iba conmigo. Como fui la única sobreviviente del grupo, tomó confianza. Buscó mi boca, solo mi boca...
Veraneantes obstáculo,<br/> por Carmen Concha-Nolte
116b, Carmen Concha-Nolte

Veraneantes obstáculo,
por Carmen Concha-Nolte

Asombrada con una esplendorosa luna, vi el instante decisivo de las tortugas marinas en tierra. Sabía que juegan a tierra, mar; tierra, mar. No aludo a canciones infantiles, sino a ciclos de vida. Ellas eclosionan en tierra, retornan al agua, se repatrian a tierra a desovar y regresan al mar. Los machos jamás reculan a tierra. Majestuosamente, contemplé sus pasos fijos y aleteos lentos como quien esparce la arena. Recorrieron escasos metros. Apuntaron el terreno para el decisivo desove. Las miré agotadas. Fueron decenas y decenas. Muchos veraneantes infructíferos desoyeron toda prudencia. En instantes previos al momento más crucial, las retrataron creyéndose paparazis, prendieron centenares de linternas apuntando sus ojos, permitieron que niños las cogieran e intentaran pintar su...
Por un badajo, por Carmen Concha-Nolte
114a, Carmen Concha-Nolte

Por un badajo, por Carmen Concha-Nolte

Un buen día, estuve a punto de perder mi primer trabajo por unas ondas acústicas o, simplemente, un teléfono malogrado entre mi salón de clase y un auxiliar que lejos de auxiliarme me incriminó por su defectuoso oído. En el aula, mis alumnos estaban felices comentando un cuento. Solía, desde mis primeros años como maestra, poner las palabras en contexto o teatralizarlas. Empecé: Está en un lugar oscuro y abierto… La echamos andar para llamar… Para cuando solté estentóreamente «badajo», pasó un auxiliar cerca del aula. Al minuto, ella entreabrió la puerta y me dijo que la directora quería conversar conmigo. Muy suelta de huesos acudí a la oficina de la directora. Sabía por dónde iba el malentendido acústico. Ella me preguntó por mis clases. Contesté que estaba fascinada con mis es...
Beber a besos, por Carmen Concha-Nolte
111a, Carmen Concha-Nolte

Beber a besos, por Carmen Concha-Nolte

A Johnny se le iluminan los ojos cuando queremos que nos hable de lo que mejor hace. Al proponérselo, alcanza a recitarnos pisco pisco (Pisku en quechua), su gran bebida. En cada verso recita la vendimia, tratamiento y su proceso como si se tratara del más noble secreto. El secreto de Johnny no radica en sus efusivos y cristalinos ojos, sino en el pisco. Como buen conocedor, él recomienda beber (lo) despacio, en tiempos dilatados, es decir, a besos. Difícil separar a ambos. Su mutua alianza avanza desde la cosecha hasta la consumación del beso. Finalizada la conversa, decidimos degustarlo. Al instante presenciamos el traspaso de un fulgor a la copa que nos sirve, y las palabras no dichas sellan la fusión de ese beso bebido como él nos lo sugiere. Johnny Schuler produce su pisco p...
Tatuaje del alma, por Carmen Concha-Nolte
108b, Carmen Concha-Nolte

Tatuaje del alma, por Carmen Concha-Nolte

Me vi en la antesala de una prisión. Yo con diez años usaría traje rayado y un número fatídico, pensé.Era la temporada en que el colegio realizaba su tradicional tómbola (sorteo) en provecho de misiones católicas. En el evento se exhibían pocos objetos atractivos. Desilusión. Con los tiques comprados, mis compañeras y yo obteníamos baratijas y golosinas. Mi amiga Pat se había enamorado de un cisne hermoso. Yo quería que ella se lo ganara, sí o sí, contra todo pronóstico. Nos asentamos en el patio a respirar o tramar una salida, un delito.Ambas tuvimos la brillante idea, con escasos años, de falsificar el número del cisne a un tique que teníamos de otro sorteo. Procedimos. Dibujé el número anhelado del cisne con pulso tembloroso. Al entregar el cotizado tique, muy lejos de entregarnos el ci...
El infierno comunica, por Carmen Concha-Nolte
106c, Carmen Concha-Nolte

El infierno comunica, por Carmen Concha-Nolte

El infierno comunica, de Raúl Aragoneses (España), ha recibido una Mención especial en el I Premio Iscariote al mejor libro de microrrelatos publicado en España durante 2022. Raúl, quien quedó en segundo lugar (Edición XV Anual, Cadena Ser) entre miles de participantes, lleva buena parte de su vida dedicado a este género obsesivo, porque quien lo cultiva y quien lo lee no puede desprenderse de su forma y contenido tan particulares. Este infierno no es lo que supones. Descarta si estás pensando en Dante. No. El autor, con mucho tiento, ha escogido el término de la legión baja o infierno subterráneo como una metáfora para obsequiarte lo que, sin reservas, subyace y provoca todo buen relato: historias entre líneas, elipsis, ficción, imágenes, maravilla, asombro, y más. En esta hondura ...
Bigotes GPS, por Carmen Concha-Nolte
101c, Carmen Concha-Nolte

Bigotes GPS, por Carmen Concha-Nolte

A una amiga su esposo le decía «foquita». Ella nunca indagó al respecto. Vaya usted a saber si se conformó con el halago o quizá lo asoció con «fogosita». Para mí, su esposo aludía a los bigotes que deslucían, levemente, su rostro angelical. Los bigotes, pelos semi gruesos, no crecen al azar en ninguna especie. En las focas, los bigotes agracian su rostro inofensivo; pero, por centurias, ignorábamos el potencial de sus flequillos. Sólo las mirábamos sobre la arena en descanso o en faenas reproductivas. Hace poco, su secreto salió a la luz: las focas tienen una especie de GPS en sus bigotes que les permite direccionarse hacia sus presas. Simple. Los científicos colocaron cámaras sobre sus mejillas. Verificaron que, en la oscuridad oceánica, sus bigotes faciales eran movibles (vibr...
Dama coruscante, por Carmen Concha-Nolte
99c, Carmen Concha-Nolte

Dama coruscante, por Carmen Concha-Nolte

Así que aquí estoy, develando recuerdos coruscantes de quien iluminara mi vida y la casa: ella y solo ella. La primera vez que ella brilló ante mí fue cuando le daba de lactar a mi hermana. La alimentaba mientras ejercía el rol multiusos: cambiar, peinar, arropar, tender, preparar… y todo a punto. En una fiesta familiar, fue la segunda oportunidad que refulgió su belleza. Sus ojos verdes coruscaban sin cesar. Entre su guardarropa, un vestido color cielo jaspeado le dio rango de reina. Gracias a esa elegancia y finura yo conocí la estética. Vestida con distinción, ella recordaba sus «retretas» por la plaza. Desde pequeña y bien portada, tocaba el piano divinamente. Sus deseos de ir al conservatorio y/o estudiar farmacia se truncaron. La tercera vez que brilló, única y trascendenta...