La seca soledad,
por Javier D. Volcán
El calor me irrita. No recuerdo hubiésemos tenido un verano tan agotador. Me siento ahogado cada vez que salgo a la calle.Cuando me asomo al balcón y veo la casa de al lado, me doy cuenta de lo despiadada que ha sido esta temporada. El pasto se secó por completo. Se ha hecho una mancha grisácea, marrón y sepia. Un cuadrado muerto con pocos rasgos de vida que palpitaban con dificultad.Aquel espacio frondoso lleno de saltamontes y que una vez al mes olía a clorofila alborotada por las cuchillas afiladas de la podadora, era ahora un polvorín dispuesto a arder con una leve chispa. Solo en una esquina reverdecía un matorral. Todo porque había una llave dañada que dejaba salir unas gotas. Era un anillo verde ante tanta muerte. Aquel grifo viejo de bronce se resistía a dejar morir al jardín.Duran...










