Piedras preciosas,
por Alfredo Behrens
ler em português Yo tendría unos 14 años y vivía en Montevideo. El padre de un amigo tenía una agencia de viajes y me llamó para ayudarlo. Me pidió que guiase un grupo de turistas americanos que visitarían algunos lugares de Montevideo. Eran personas más bien ancianas, y entre ellas una señora me llamó más la atención porque recogía piedritas en todos los lugares donde parábamos. Me explicó que llevaba las piedritas a sus nietitos. Le dije que tenía en mi casa una colección de piedritas mucho más bonitas y que con gusto se las podría traer. A lo que me respondió que me pagaría un dólar por ellas. Un dólar en aquella época para un niño era mucho dinero. Hoy serían como 10 dólares. Esa noche en casa le conté a mi madre que me había ganado un dólar y llené con mis piedritas una cajita de...









