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Luis Alejandro Rodríguez

Este cuento sí ha cambiado III, por Luis Alejandro Rodríguez
50b, Luis Alejandro Rodríguez

Este cuento sí ha cambiado III, por Luis Alejandro Rodríguez

Cuando en 1841 se publicó el cuento Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe ―Obra que entre otros méritos inicia el género de las novelas policíacas―, los lectores resultaron impactados con la descripción del grado de brutalidad con el que madame L'Espanaye y mademoiselle Camille L'Espanaye, madre e hija, fueron asesinadas en su apartamento.Una descripción y narración de un evento similar ya no es algo que hay que buscar entre las líneas de las obras de un famoso escritor; hechos como ese los tenemos de manera muy frecuente en los medios y en las redes. Han pasado a ser informaciones del día a día.No es sólo la frecuencia lo que ha cambiado: en el siglo XIX los lectores se impactaron por un hecho ficticio; ahora en el siglo XXI apenas “parpadean” con los hechos reales.Las redes ...
Este cuento sí ha cambiado II
49a, Luis Alejandro Rodríguez

Este cuento sí ha cambiado II

 La realidad es una sola, pero existen factores que, en cierta forma, están tratando de “obligarnos” a que la percibamos o asimilemos de una manera diferente. La tecnología ha sido considerada como uno de esos factores.La tecnología y sus avances no tienen nada de malo cuando se implementan para cubrir las necesidades que originaron su desarrollo. El problema aparece cuando nosotros, los usuarios, comenzamos a utilizarla para otros fines, o como sustituta de importantes actividades y relaciones humanas.En estos momentos usted está leyendo este artículo en un medio logrado por estos avances, pero a unas cuantas pantallas de esta, podría encontrar “cualquier cosa”. El problema no es el dispositivo y sus programas, que ahora nos permiten conocer de nueva información, puntos de vista u opinion...
¡Este cuento sí ha cambiado!, por Luis Alejandro Rodríguez
48b, Luis Alejandro Rodríguez

¡Este cuento sí ha cambiado!, por Luis Alejandro Rodríguez

Esta frase, que eventualmente hemos utilizamos para referirnos a un hecho que ocurre o tiene un desenlace muy diferente al esperado, se ha convertido en una expresión muy frecuente. Ahora, que “Caperucita Roja se coma al lobo”, es algo que podemos encontrar todos los días cuando recibimos y revisamos la información presentada en los diferentes medios de comunicación. ¡¿Qué está ocurriendo?! Son múltiples los factores que están provocando estos cambios, ya presentes en todos los ámbitos, y a los cuales nos hemos ido sometiendo de forma lenta, progresiva… en total sumisión. De todos ellos, hay tres que destacan: el lenguaje, la tecnología; y… nuestra propia humanidad. El lenguaje está cambiando, pero esto no es nuevo. Desde hace siglos la Real Academia de la Lengua se ha mantenido ...
Reflexiones sobre “La metamorfosis”, por Luis Alejandro Rodríguez
46b, Luis Alejandro Rodríguez

Reflexiones sobre “La metamorfosis”, por Luis Alejandro Rodríguez

Cuando nuestro abuelo desarrolló la Enfermedad de Alzheimer, o el tío Juan tuvo aquel desafortunado accidente que lo dejó incapacitado y lleno de cicatrices… ¿No fueron estos casos de Metamorfosis?Recurrir a lo absurdo para enfrentarnos a la realidad es un recurso que Kafka manejó magistralmente en su narración de La Metamorfosis.En su obra, Gregorio Samsa, un joven como cualquier otro, vive con su padre, madre y hermana a los que mantiene con su trabajo. Un día, sin desearlo ni buscarlo, amanece convertido en un insecto gigante. Esto lo hace especial, y lo incapacita para el trabajo.Sus relaciones con el entorno familiar cambian radicalmente, su hermana lo atiende, lo cuida y lo alimenta, pero su dedicación cambia al final. Gregorio se ve enfrentado al rechazo, el aislamiento y la soledad...
La Virgen del Tamarindo, por Luis Alejandro Rodríguez
44a, Luis Alejandro Rodríguez

La Virgen del Tamarindo, por Luis Alejandro Rodríguez

Hace muchos años, en la cantina del colegio (estaba yo en Kínder) compré un tamarindo,  una pequeña porción de pulpa de la fruta  que venía envuelta en papel celofán; era el dulce más barato. No esperaba encontrarla, ni tampoco las conocía, pero me topé con una de ellas. Como no sabía qué era, le pregunte a los señores que atendían la cantina, un matrimonio de viejitos —bueno, así los veía yo a mis cinco años—. Eran muy amables y cariñosos; ambos riendo me dijeron que no me preocupara, pues lo que tenía en mis manos era una semilla de tamarindo. ¡Ah!, si era una semilla se la llevaría a mi abuela, a ella le gustaban mucho las plantas. Mi abuela después de examinarla me confirmó lo que era, entonces le pedí que la sembrara. Su respuesta me sorprendió… “¡No!, yo no la voy a sembrar...