Regalo de griego,
por Alfredo Behrens
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Crecí en tierra de caballos, donde el galope es una segunda lengua. Y donde hay caballos hay yeguas. Por eso, desde la escuela, me obsesionó la caída de Troya por la trampa de un caballo de madera dejado a su puerta. Un caballo que, en su vientre, ocultaba decenas de soldados.
Yo me preguntaba: ¿por qué un caballo y no una yegua? Para mí, una yegua habría sido una opción más lógica, al fin y al cabo, ellas paren, llevan vida en su interior. Los caballos no. La idea de un caballo de Troya me taladraba la cabeza.
Y lo curioso es que ni siquiera fue Homero quien le dio tanto bombo. Sí, lo menciona brevemente en la Odisea, tan solo un susurro. Pero fue Virgilio, se dice, quien realmente puso al caballo en el centro de la escena. Él le dio forma a la traición, al...










