Serenidad pirenaica,
por Alfredo Behrens
ler em portuguêsSalí de casa sin ningún propósito concreto, con el alma filosófica en modo espera. Por el camino habitual, pasé por delante de la casa en obras que ya conozco de memoria, esa ruina perpetua que lleva meses sin caer ni levantarse, suspendida en un estado de impermanencia filosófica, si no fuera simplemente por mala gestión. La novedad del día era modesta: por fin habían talado ese árbol inútil que tapaba la vista del terreno. Y fue precisamente cuando se abrió el paisaje cuando la vi.O mejor dicho, cuando las vi. Dos cabras. Una encaramada en la ventana del primer piso, otra justo debajo, ambas inmóviles, contemplándome con esa serenidad pirenaica que solo los rumiantes pueden proyectar. No era una mirada desafiante ni temerosa, era pura observación, como si yo fuera un fenó...







