La primera persona vital, por José Manuel Peláez
Dudé en contestar, pero al final pudo más la lealtad que el temor y, a pesar de que la pantalla del móvil anunciaba el peligroso nombre de “Manolo”, respondí con un saludo tan efusivo como falso. Por supuesto que a Manolo eso no le interesa; cuando tiene un objetivo parece un misil de última generación capaz de acertarle a la abeja reina de una colmena desde 10.000 kilómetros y esa tarde su objetivo era contarme lo que había pensado y que, por supuesto, era esencial que yo conociera antes de seguir respirando sin sentido.Yo tenía listo el café para mantenerme despierto mientras trataba de terminar el Ulysses de Joyce porque estaba harto de aparentar que lo había leído. Paradójicamente, este sincerar mi incultura respondía, en parte, a la última conversación con Manolo, que me había dejado ...








