La mata de mango, por Leonor Henríquez
En el jardín de la casa de mi mamá, en el maravilloso Valle de Caracas, había una mata de mango que cada año floreaba y se cimbraba de frutos.
El jardín parecía una alfombra de mangos verdes, rosados y amarillos. Los loros y turpiales, nuestro pájaro nacional, venían a comer de ese manjar.
Mi mamá hacia jalea de mango, batido de mango, ensalada de mango, pero eran tantos, que ponía una caja al frente de la casa para que se los llevara algún alma necesitada.
Hoy pensé que quisiera ser como una mata de mango, esa que ofrece su abundancia de tanta felicidad atesorada, sin más ambición que compartir.
Un árbol satisfecho y feliz.
Quisiera….
Pero a veces, y no es negociable, llegan esas circunstancias que César Vallejo mencionaba en sus Heraldos Negros: “Hay golpes en la vida, ...











