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José Alejandro Moreno Guevara

El viejo imperio, por Alejandro Moreno
76a, José Alejandro Moreno Guevara

El viejo imperio, por Alejandro Moreno

 A esa hora Londres es una maravilla de prodigiosa energía. Pudiese pensarse incluso que se está en una ciudad más alegre, pero no, no nos engañemos: Londres es Londres. Tan fría como siempre y quizás peor aún. Mister Grimwig es apenas una sombra frágil de lo que fue en su juventud. Tuvo, en aquellos años de pulsión juvenil, la fuerza suficiente para ser un extraordinario comerciante que iba y venía de Londres a Bombay como quien visita un barrio cercano. Ya no. Apenas mastica con dificultad un insípido pan de cebada con algún vil potaje de carne, y a eso se aferra mister Grimwig. Al ver pasar desde su ventana a una bellísima mujer de la India suspira con los últimos arrestos de energía. del mismo autor Compartir en Quiero patrocinar
El secreto de Estanislao Nucete, por Alejandro Moreno
75b, José Alejandro Moreno Guevara

El secreto de Estanislao Nucete, por Alejandro Moreno

¿Qué razones habría de tener el viejo doctor Estanislao Nucete, para volver a la ciudad de Mérida después de tantos años? Al parecer muchas. Nadie había vuelto a hablar de eso en Mérida, al menos en sesenta y cinco años. La historia era muy sencilla: un estudiante de medicina veinteañero, un muchacho del Páramo y una ciudad muy pequeña. Estanislao Nucete había hecho su vida en Margarita, en un pueblito llamado Paraguachí. Allá ejerció durante muchos años como médico pediatra, que era en lo que se había especializado en su querida universidad de los Andes. De Mérida, no había querido saber más nada hasta ese día. Después de sesenta y cinco años estaba frente al viejo edificio de la ULA, viendo con nostalgia sus recuerdos. Y aunque pensaba que nadie se acordaba de él, ya a esa hora se...
La flor, por Alejandro Moreno
74b, José Alejandro Moreno Guevara

La flor, por Alejandro Moreno

Aarón está ensimismado en sus pensamientos. La enfermera lo entusiasma para que al menos camine por el pasillo del hospital Vargas. Finalmente le hace caso y da un pequeño paseo. En esas anda cuando se detiene ante una sencilla florecita del jardín del pasillo. Aarón viaja a su pasado: aquella floristería en donde tantas veces tuvo momentos de serena alegría. Los capullos de Galipán que lo hacían feliz. A Aarón probablemente le quedan pocos días de vida y aun así no puede evitar sentirse feliz contemplando el jardincito del hospital. Le canta una canción mentalmente a la flor y luego vuelve a su cama con un poco de felicidad en los ojos. del mismo autor Compartir en Quiero patrocinar
El poeta de los leprosos, por Alejandro Moreno
73b, José Alejandro Moreno Guevara

El poeta de los leprosos, por Alejandro Moreno

A José David Camargo lo llamaban el poeta de los leprosos. Solía vérsele por los lados de Padre Sierra caminando a cualquier hora. Si algún vecino se asomaba por la ventana a las tres de la mañana, probablemente iba a ver a José David Camargo con su carpeta debajo del brazo, rumbo a los lados de La Pastora.A José David no se le conocía mujer. Quizás su timidez patológica lo mantenía al margen de los deleites del amor femenino. Lo que sí es que José David estaba constantemente escribiendo sus poemas, que luego regalaba a los enfermos del leprocomio de Catia La Mar, al cual iba al menos una vez al mes. Se iba con su carpeta de poemas toda esperolá y con una bolsa de panes dulces que compraba en una panadería de unos hermanos gemelos de La Grita, que llamaban los Morochos Pineda.Llegaba allí ...
Ramoncito y Pecheche, por Alejandro Moreno
72b, José Alejandro Moreno Guevara

Ramoncito y Pecheche, por Alejandro Moreno

 Ramoncito y Pecheche eran absolutamente inseparables. La parranda era su objetivo más preciado. Vale decir que el de ambos. Eran legendarias las extravagancias de Ramoncito y Pecheche: disfrazarse de monjitas en los carnavales de Carúpano, comer espagueti con diablito y salsa rosada en Mochima, leerle fragmentos de la Odisea a los borrachitos del mercado de Cumaná.Un día Ramoncito y Pecheche estuvieron en Río Casanay. Y allí ayudaron a Leonardo Farías a sembrar en su conuco. Entonces, Leonardo Farías mató dos gallinitas negras y les preparó, a Ramoncito y a Pecheche, un sancocho que no olvidaron nunca. Tanto fue así, que, ya estando viejitos, Ramoncito y Pecheche se consiguieron y, recordando aquel sancocho, lloraron de alegría acordándose de su amigo Leonardo Farías.Compartir en ...
La goleta de Chúo Marval, por Alejandro Moreno
71c, José Alejandro Moreno Guevara

La goleta de Chúo Marval, por Alejandro Moreno

La goleta de Chúo Marval es la embarcación más grande. A veces llegan barcos más bonitos, pero la goleta de Chúo sigue siendo el barco más grande de Los Pichongos. Y cada vez que Chúo se hace a la mar, se siente entero y sabrosito, como cuando uno se echa un guamazo de ron.La goleta de Chúo Marval, anda pescando por allá por los laos de Surinam, pero ya tiene que regresar pa Los Pichongos. Así que esa noche, en cubierta, Chúo sueña con llegar a la casa, para seguir leyendo Las mil y una noches.  Y La Catira, su mujer, sabe que ni ella ni los niños pueden molestarlo cuando lee. A Chúo le brillan los ojos pensando en su chinchorro y en su tomo empastado de Las mil y una noches.del mismo autor Compartir en Quiero patrocinar
Dos amigos, por Alejandro Moreno
70a, José Alejandro Moreno Guevara

Dos amigos, por Alejandro Moreno

ler em português   Juan de Dios y Arcadio desde muchachitos fueron muy unidos. Solía vérselos juntos siempre. La verdad sea dicha a Lucrecia, la mujer de Arcadio, no le gustaba mucho la juntilla de su marido con Juan de Dios. Dicen, aunque a nadie le consta que ella lo llamaba Juan del Diablo.Pero total, ya Arcadio está muerto y a nadie le importa como Lucrecia le decía a Juan de Dios. A esa hora de la madrugada nadie puede ver a Juan de Dios llorando por el camino de Río Chiquito a San Lorenzo. Los cocuyos borrachos que se besan en el cielo abrazan a Juan de Dios, ellos sí saben por qué lloran.del mismo autorCompartir en Quiero patrocinar
José Alejandro Moreno Guevara

Dois amigos, por Alejandro Moreno

ler em espanhol   Desde pequenos, Juan de Dios e Arcadio eram muito próximos. Eu costumava vê-los juntos o tempo todo. A bem da verdade, Lucrécia, mulher de Arcadio, não gostava muito da relação do marido com Juan de Dios. Dizem, embora ninguém possa confirma-lo que ela o chamava de Juan do Diablo.Mas, já pouco importa; Arcadio já morreu e ninguém se interessa em saber o que Lucrecia dizia de Juan de Dios. A essa hora, bem cedo pela manhã ninguém vê Juan de Dios chorando na estrada de Río Chiquito a San Lorenzo. Os vaga-lumes bêbados que se beijam no céu, abraçam a Juan de Dios, eles sabem porque ele chora.do mesmo autor
Nando y los tucusitos, por Alejandro Moreno
69a, José Alejandro Moreno Guevara

Nando y los tucusitos, por Alejandro Moreno

Al maestro José Pulido, el hijo de Victoria. Aunque es verdad que Villa de Cura duerme temprano, siempre quedan los tucusitos, en la noche, dando vueltas. Les gusta, también, chupar la flor de noche, ni locos que fueran para no hacerlo. Pero por ahora no nos interesa la historia de los tucusitos sino la historia de Nando Rengifo.El pobre Nando Rengifo no pega una con Aurelita, la hija de Macaria Camacho. Todo el mundo dice que Aurelita está enamorada de él, pero como esa muchacha es rara pues no parece. Así han pasado los años y la gente comenta: " Nando le regaló unos mangos a Aurelita, ahora sí!!!" Pero nada. "Nando se va a comprar una moto para sacar a pasear a Aurelita, esa boda no pasa de diciembre. Lo más seguro es que sea el nueve de diciembre, el día de San Cipriano" pero tampoco.U...
La despedida, por Alejandro Moreno
68b, José Alejandro Moreno Guevara

La despedida, por Alejandro Moreno

La familia ha decidido llevar la urna por última vez a la Gavidiera, ese lugar en donde Inés pasó los últimos años de su vida. En medio de aquel Arenal todos bajan y ya no hay manera de saber que será de todo aquello sin Inés. Una pareja muy joven son los únicos que están allí de gente. La muchacha pronuncia "la señora Inés " como si hablara de una diosa griega. Elizabeth camina hacia la casa con paso triste y tímido. No tiene prisa en entrar y los perros de Inés la reciben. Se acercan a ella y en silencio le dan el pésame con sus rabos entre las piernas. Ya la Gavidiera es un recuerdo y los perros de Inés la han visto por última vez. del mismo autor Compartir en Quiero patrocinar
Simón Palacios, por Alejandro Moreno
67b, José Alejandro Moreno Guevara

Simón Palacios, por Alejandro Moreno

 Simón Palacios ha llegado a cien años. A pesar de que son muchos años, sigue siendo un negro recio y jamao. Su papá anduvo con el general Bolívar. Simón nació cuando ya su papá Juan Bautista Bolívar tenía cincuenta años. Nadie en Petare tiene más años que él. Escucha radio todas las mañanas y su memoria es prodigiosa a pesar de tener ese bojote de años. Nunca se casó ni tuvo hijos.  El único amor de su vida fue un policía: un gochito de La Grita. Los nudillos de Simón hincharon muchas caras y derribaron a muchos guapos. Eleazar, el policía, el gochito, murió hace más de cuarenta años.  Sin embargo, Simón recuerda ese último día en que se vieron y ambos fueron felices por un instante. Secretos que guarda el corazón.del mismo autor  Compartir en Quiero patrocinar ...
Un merengue con Cleopatra, por Alejandro Moreno         
66a, José Alejandro Moreno Guevara

Un merengue con Cleopatra, por Alejandro Moreno         

A pesar de que Cleopatra no sabe nada de la reina egipcia por la cual le pusieron su nombre, siempre se ha sentido una Diosa. Su dulce altivez parece emanar del mismísimo nombre que lleva con orgullo y devoción. Nada le impide ser una diva envuelta en un halo de sensualidad trepidante. Ella es un volcán de estrógenos y picardía. Hace ya nueve años que perdió su pierna derecha. Nadie sabe exactamente qué pasó. Como siempre ocurre en estos casos, hay demasiadas versiones. Unos dicen que estaba en el yate de unos millonarios y que cayó borracha por la borda y la hélice del motor le masticó la pierna como si fuera un monstruo enfurecido. Otros dicen que en un ritual satánico su pierna fue ofrendada al mismísimo. Lo cierto es que está allí con su prótesis de tecnología alemana, siendo...