News That Matters

José Manuel Peláez

Compromiso ineludible,<br/> por José Manuel Peláez
170d, José Manuel Peláez

Compromiso ineludible,
por José Manuel Peláez

La respuesta de Manolo fue un NO contundente porque ese día y a esa hora tenía un compromiso ineludible. El asunto era sospechoso. Manolo se había burlado muchas veces de lo ineludible como excusa y ahora yo le estaba invitando al “Circo Benito”: un circo ambulante que se parece al Cirque du Soleil tanto como un caniche se parece a un perro afgano con pedigree. En el “Circo Benito” al malabarista se le caen los aros y los persigue por toda la pista excusándose con la mirada, el payaso cuenta chistes mas viejos que el león que ya solo puede maullar y el equilibrista siempre se cae del alambre, aunque eso sí, de pie. Resumiendo, es el sitio ideal para Manolo.Sin embargo, él tenía un compromiso ineludible. Averiguar cuál era ese compromiso fue un reto. Mi interrogatorio se prolongó por varios...
El desagravio,<br/> por José Manuel Peláez
169c, José Manuel Peláez

El desagravio,
por José Manuel Peláez

Interpreté la invitación de Manolo como un acto de desagravio por someterme la semana anterior a la tortura de comer un creativo plato de macarrones que su ingenuo sobrino preparó para deslumbrar al mundo de la gastronomía y cuya receta espero que se haya incinerado. La mesa parecía el escenario de un rito iniciático samurai. Minimalista y exquisito. Después de los saludos de rigor y un primer brindis, Manolo colocó en el centro un platón cubierto con tapadera de plata que, con un gesto dramático, levantó para revelar el tesoro. ¡Un Tomate!, solo eso. Aunque la verdad es que, para ser honesto, era un tomate fuera de lo común. Debería pesar cerca de 400 gramos y su brillante rojo apenas estaba manchado por la parda cicatriz del pedúnculo. Manolo comenzó a cortarlo en parejas rodajas c...
¿Descalificar?,<br/> por José Manuel Peláez
168c, José Manuel Peláez

¿Descalificar?,
por José Manuel Peláez

El sobrino de Manolo acababa de participar en el show de “Niños & Fogones” en el que criaturitas muy simpáticas se trasmutan en pequeños Mefistófeles haciendo lo que sea necesario para ganar el “Tenedor Dorado” que los acredita como futuras promesas de la gastronomía. En realidad, la participación del sobrino fue más efímera que una burbuja en el agua hirviendo porque en la segunda ronda fue descalificado. Por supuesto, según la madre del prodigio, había sido todo un complot contra su querubín que ahora había perdido las ganas de vivir. Y allí estábamos Manolo y yo frente a sendos platos de “Macarrones al aroma de hinojo con hojuelas de trufa deshidratada” para que diéramos nuestro veredicto y la madre confirmara su opinión acerca de la injusta descalificación. El niño nos veí...
Una ocasión especial,<br/> por José Manuel Peláez
167b, José Manuel Peláez

Una ocasión especial,
por José Manuel Peláez

     Manolo se presentó con una sonrisa exultante y haló mi brazo para llevarme a celebrar una ocasión muy especial. La comida fue tan exquisita y Manolo se comportó tan amablemente que olvidé preguntar cuál era la razón para tanta alegría y generosidad. Pero Manolo ya tenía preparado el rosario de desgracias cuyo fin estábamos celebrando.Su vecino de al lado tuvo que viajar de emergencia y le pidió que cuidara a su perro Momo por unos días. Momo es una bola inquieta de pelos en la que apenas se distinguen las orejas, los ojos y unas paticas más cortas que amor de adolescente. Mi amigo no es particularmente afecto a las mascotas, pero era la oportunidad de retribuir al vecino muchos favores y aceptó de mala gana, aunque con buena cara.Y ese fue el comienzo de unos días para el olvido.Lo pr...
Allegro ma non troppo,<br/>por José Manuel Peláez
166c, José Manuel Peláez

Allegro ma non troppo,
por José Manuel Peláez

En una popular zarzuela española, uno de los personajes hizo famosa la frase “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad… una barbaridad”. La idea quedó sembrada como la expresión de lo bien y mucho que se vive gracias a la ciencia y sus descubrimientos.No soy yo el que vaya a poner en duda los beneficios de los adelantos científicos y tecnológicos, pero debo reconocer que en el fondo de estas ideas siempre me molestaba un cierto “ruido”, algo parecido a no tomar en cuenta todas sus consecuencias.Cuando Manolo me invitó a su “gimnasio mental” tuve que sobreponerme, primero, a unir en una misma frase las palabras Manolo y gimnasio, pero luego, al llegar comprendí que estaba al borde de una revelación.Algunos compañeros de mi amigo se reúnen todas las semanas con papel y lápiz a resolv...
Anatomía patológica, <br/> por José Manuel Peláez
165d, José Manuel Peláez

Anatomía patológica,
por José Manuel Peláez

En la fotografía aparecía un joven Manolo, al lado de un hombre altísimo de cara adusta que escondía sus manos en los bolsillos de una impecable bata blanca. A pesar de visitar frecuentemente a Manolo, yo nunca me había fijado en esa foto y me interesé en ella.Manolo negó mi hipótesis de que él hubiera querido ser médico: “No soporto ver sangre”, me dijo con un gesto de fatalidad. La explicación era otra.Hacía muchos años una amiga, que Manolo quería convertir en algo más, comenzaba a estudiar Medicina y le pidió acompañarla a su primera clase de Anatomía Patológica, una materia temida por todos, sobre todo por la fama de su eminente profesor.El aula era un anfiteatro expectante en cuyo centro se alzaba un mesón. El profesor entró, se colocó frente a todos y con voz de woofer profundo advi...
Toño y Manolo,<br/> por José Manuel Peláez
164b, José Manuel Peláez

Toño y Manolo,
por José Manuel Peláez

 La primera plana era contundente; aquel hombre había logrado lo nunca visto: “Gracias a él y su visión de futuro las generaciones por venir tenían asegurado un horizonte luminoso y prometedor” declaraba el poco humilde personaje sobre sí mismo. Yo ya estaba harto de leer sobre promesas vagas y poco comprobables y le lancé el periódico a Manolo, quien, con desgano, paseó su mirada por las primeras líneas y después siguió refrescándose con una cerveza tan fría como el corazón de la Bruja malvada del norte y mirando su propio horizonte. ─ ¿Le conoces? ─ pregunté refiriéndome al visionario de turno. ─ No… conocí a Toño, pero a este Antonio no lo conozco. La respuesta era provocadora y, por supuesto, pedí aclaratoria. Toño era el mejor amigo de Manolo en la universidad, juntos estu...
Creer para ver,<br/> por José Manuel Peláez
163b, José Manuel Peláez

Creer para ver,
por José Manuel Peláez

Manolo me convencía de que la mejor forma de guardar un secreto es exponerlo abiertamente porque las personas ya no creen en lo que ven, sino que prefieren creer que lo que no ven es sospechoso. Pasó a nuestro lado Ángela, una inquieta activista de todos los derechos imaginables empeñada en hacer de nuestro planeta la joya de la Galaxia. Cuando le presenté a Manolo, abrió los brazos dando las gracias al cielo por haberlo encontrado. Yo le había hablado tanto de mi amigo que ella esperaba su iluminación. ─ ¿Por qué el mundo está como está? Manolo sonrió y sin solución de continuidad pasó a referirle una historia. Angela colocó su móvil de manera de poderlo vigilar mientras escuchaba la historia que sigue. Durante una función teatral, dos conocidos actores estaban representando u...
Poder es querer, <br/> por José Manuel Peláez
162c, José Manuel Peláez

Poder es querer,
por José Manuel Peláez

Discutía yo con Manolo sobre la frase “querer es poder” que me parece una simplificación de algo muy complejo y, para mi sorpresa, estuvo de acuerdo conmigo. Según él, la frase debería ser: “poder es querer” porque la mayoría “cree que quiere algo” pero no es verdad. Uno debe saber sin ninguna duda lo que quiere y comenzar a hacer para conseguirlo, si lo logra, entonces su deseo era verdadero.Hubiéramos podido continuar desgranando el tema de no ser por la impertinente voz de un vecino de mesa, una especie de gigante que hablaba con su móvil como si tuviera a alguien delante. Así nos enteramos de que a él nadie le engaña, que “pobre del que se le ponga delante” y que… “por eso yo conduzco un Jaguar y tú un Twingo”La conversación pajareaba sobre varios temas: por ejemplo, que esa noche la e...
Una furtiva mirada,<br/> por José Manuel Peláez
161c, José Manuel Peláez

Una furtiva mirada,
por José Manuel Peláez

Un mundo feliz debe ser un mundo sin mendigos. Un mundo donde nadie necesite una limosna y mucho menos suplicar por ella.La harapienta mujer se arrodilla en el suelo y allí apoya los codos, esconde su cabeza entre los antebrazos y las manos abiertas al cielo indican que no reza, sino que espera una limosna. La imagen es de total sumisión.Cuando le conté a Manolo lo que me afectó ver aquella mujer en la entrada del Metro, Manolo no dijo nada. Comencé entonces a azuzar algún tipo de discusión a las que es tan afecto y de las que siempre saca conclusiones, pero Manolo simplemente se despidió y desapareció para mi desconcierto.Días después, me confesó que mis palabras le habían dado miedo.Hacía muchos años, en otra ciudad, Manolo siempre veía un mendigo que se ubicaba en un semáforo. No pedía ...
El orden altera el producto,<br/> por José Manuel Peláez
160b, José Manuel Peláez

El orden altera el producto,
por José Manuel Peláez

Manolo suele repetir: “el Orden es poder”. Como yo conozco su táctica de no dar explicaciones que no le pidan, me mantengo lejos del tema para evitar que mi amigo me ponga a pensar de más.Pero el que yo no quiera entrar en el tema no pudo callar el ruido en mi mente la última vez que visité su casa. Manolo vive dentro de un orden apacible; cada cosa tiene su lugar con libertades nada alarmantes. No hay nada sucio, pero tampoco el apartamento se parece a un quirófano. Las sillas no están alineadas al milímetro y quizás el último vaso usado esté todavía sin limpiar. Estas “pecas”, sin embargo, le dan calidez al ambiente.Lo que me hizo ruido fue su biblioteca. La que actualmente tiene es un largo mueble de tres estantes repletos de lomos que no están organizados ni por autor, ni por editorial...
Abuelos de otro mundo, por José Manuel Peláez
159a, José Manuel Peláez

Abuelos de otro mundo, por José Manuel Peláez

       La empeñada abuela de un amigo común falleció a los 98 años y, para hacerme más llevaderos los gestos de duelo, arrastré a Manolo al tanatorio. A la cuarta persona que se le acercó para decirle “no somos nada”, Manolo se atrincheró detrás de la máquina expendedora de café y no hubo manera de devolverlo a enfrentar al toro de los lugares comunes. Como a mí tampoco me apetecía, nos dedicamos, yo a tomar café, y él a sorprenderme hablando de sus propios abuelos.Su abuelo paterno se llamaba Constantino y fue cartero de pueblo, un oficio extinto. Manolo lo recuerda porque todos decían que llevaba un lobo siempre a su lado cuando iba por las noches al bar y que, cuando se adormecía, el animal se erguía y amenazaba con ojos amarillos, colmillos apenas asomados y el lomo erizado a los parro...