¡Shhh… secreto!,
por José Manuel Peláez
La primavera comenzaba y uno de los placeres que Manolo y yo compartimos es ese errar entre los tenderetes de libros usados que ofrecen la posibilidad de encontrar tesoros literarios ocultos además de hacerte sentir en medio de una cofradía de quienes se vigilan entre sí para que nadie les arrebate la presa oculta debajo de un viejo diccionario croata/español.Y en esa noble cacería andábamos cuando Manolo, convertido en un lebrel atento, vislumbró algo y se lanzó en esa dirección. Cuando estiraba el brazo para alcanzar su trofeo, otra mano, larga y delicada, lo atrapó con la fuerza con que una serpiente atrapa un conejito. Manolo levantó la vista y se encontró de frente con una mujer que no necesitaba ser joven para ser atractiva ni fatal para ser seductora. La mujer y Manolo se miraron po...












