Niños y plantas, por Lucy Gómez
Los niños aman instantáneamente las plantas cuando comprenden que están tan vivas como un gato o un perro. Son más lentas, pero se mueven y responden: asoman hojas, les crecen raíces, sorprenden con flores y frutas.Es que acostumbramos a pensar que lo que se mueve menos que nosotros está enfermo, sin vida, o es un objeto. Pero el desarrollo de las plantas está ligado a un hecho menos fortuito que desplazarse para conseguir comida. Pueden sobrevivir comiendo rayos de sol y tomando agua, por eso las selvas viven sin nuestro cuidado.Hay que superar esa tendencia a considerar las plantas cosas, si queremos tener un jardín y que los niños participen. Y buscar las que nos gusten ver o comer, fáciles de cuidar, fuertes para empezar: hierbas, lechugas, tomates, girasoles.Con un poco de calor fuera...












