y allá nos vamos, por Luli Delgado
Cuando en mi casa mi mamá, mi abuela o mis tías querían comentar sobre la belleza de alguien, siempre decían: “Parece un/a artista de cine”.Y no les faltaba razón, porque los actores y actrices de cine eran sin más maravillosos. Ropa, peinado, escenario, luz, maquillaje, todo contribuía a que alguien ya de por sí agraciado se convirtiera en eso, en una estrella.Parecían del Olimpo. Bellos, ricos, con la felicidad a punto de estallar. En fin, copias relucientes y fidedignas de nuestras fantasías. Esto fue particularmente notorio en épocas como la de la Depresión, donde la gente se volcaba a las salas de cine a soñar, no a ver más de lo que dolorosamente pasaba del lado de afuera. De esto nos ocupamos otro día.A lo que iba era a que no sabría decir a partir de qué momento el cine bajó al mun...












