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Roberto Giusti

Treinta años después –  Roberto Giusti
28b, Roberto Giusti

Treinta años después – Roberto Giusti

En Moscú los vagones del metro, sobre todo los pertenecientes a una rama secundaria, se mueven con el traqueteo lento y adormecedor de tiempos pasados. Los carros de franja  azul son de líneas redondeadas y largos asientos laterales de madera y piso de tablas. Allí la gente lee y casi siempre la carátula del libro está tapada con un forro. Sólo se delatan quienes hojean la primera página del Pravda  (diario del  Partido Comunista) bajo la mirada severa del camarada Lenin. Una fotografía que se repite a lo largo de los años como si no pasara el tiempo.Pero siempre ocurre  y ocurre cuando dejas atrás a la abarrotadada estación de Kievskaya,  sus escaleras mecánicas lanzadas a las profundidades y los  interminables pasadizos subterráneos donde circulan vendedores de pornografía y  gitanas en ...
Armonía social – Roberto Giusti
22b, Roberto Giusti

Armonía social – Roberto Giusti

Cuando nos dijeron que nuestro destino era una ciudad del sur de los Estados Unidos, me vino a la mente el estereotipo más socorrido que sea dable imaginar: en la calle principal, polvorienta y ruidosa, un vaquero de rostro duro, protegido del sol por un Stetson de ala ancha, botas tejanas puntiagudas y embarradas y un colt 45 a la altura de la cadera, amarra el caballo a la entrada del saloon, donde exigirá, con voz ronca, un trago de Evan Williams para luego salir a la calle y enfrentarse en duelo con el forajido del pueblo. ¿Dónde están las llaves? Nada que ver. Fantasía de quincalla vieja. Norman, el sitio a donde llegué con la familia, aventado por la tragedia venezolana, ofrecía a los ojos del recién llegado un entorno más bien idílico. En pleno invierno decembrino, la ciud...
Mi mamá, míster T y yo – Roberto Giusti
20a, Roberto Giusti

Mi mamá, míster T y yo – Roberto Giusti

Mi divorcio corrió parejo con la llegada de mi mamá, quien solía venir a Oklahoma por temporadas pero seguía viviendo en Colombia. En esta oportunidad venía para quedarse con todo y sus  77 años. Un par de semanas fueron suficientes para saber que su edad avanzada no era sino un pretexto para quedarse a vivir en Oklahoma City. Hasta ese momento mis hermanas y yo presentíamos algo raro en el comportamiento de ella porque, a pesar de que siempre le ha gustado la jardinería, se pasaba mucho tiempo regando las matas, podando los setos y quitando la maleza en el extenso jardín de la casa. Cuando le pregunté por qué siempre que salía de la casa la veía “conversando” con míster T y le pongo comillas porque ni ella hablaba inglés ni él hablaba el español. Me respondió que le tenía mucho apr...
Adriana migrante – Roberto Giusti
19a, Roberto Giusti

Adriana migrante – Roberto Giusti

Yo tenía  18 años cuando me fui de Colombia a Venezuela porque la Universidad Nacional de Barranquilla, donde esperaba estudiar Derecho, estaba en  paro indefinido. Mi madre, Ana, decidió, entonces, que me fuera a Caracas,  donde estaría esperándome José Luis, uno de mis hermanos mayores, que había emigrado dos años antes. Estudiar Derecho en Venezuela era toda una novedad que no había asimilado cuando, sin anestesia ni largas despedidas, mi madre me echó la bendición,  me dio un abrazo y cuando reaccioné me vi montada en un autobús  repleto de gente pobre y ruidosa que emprendía una larga y accidentada travesía hacia la tierra de los venecos, donde esperaban conseguir lo que la suya les había negado. Pero como dice la canción de Pacho Galán, uno de los músicos colombianos preferidos...
Fútbol estúpido – Roberto Giusti
17a, Roberto Giusti

Fútbol estúpido – Roberto Giusti

A contracorriente de las tesis más socorridas que lo convierten en instrumento de control mental, siempre pensé que el fútbol era el más universal  y democrático de los juegos preferidos por las  masas. Universal porque el 99 por ciento de la población mundial cae hipnotizada  ante la justa planetaria no obstante voces como la de Jorge Luis Borges, quien condenaba al juego por “estúpido”,  dejando lelos a sus interlocutores  con sus jugarretas de erudito travieso al afirmar que la misma opinión sostenía, ya en el siglo diez y siete, nada menos que William Shakespeare. Y democrático porque las grandes diferencias que separan a los pueblos  desaparecen en el juego  y por 90 minutos los más débiles y pequeños se equiparan con los más fuertes y poderosos en la tabula rasa del rectángulo...
Sin nombre – Roberto Giusti
Roberto Giusti, 14a

Sin nombre – Roberto Giusti

...aproveché ese  tiempo para leer una decena de libros que esperaban por mí, así como un centenar de películas, nuevas y viejasLuego de años de encierro forzado recibo la noticia de  la liberación parcial,  gota a gota, con la cual no se termina de restablecer la vida normal ni volver  a una vida que  ya no será lo que fue desde la aparición de la primera víctima del Covid-19.Comiéndome los ahorros  de toda una vida me quedó como anillo al dedo el forzoso cautiverio  al cual nos sometían los  gobernantes  del mundo, cuyas únicas armas contra  el agresivo microorganismo eran el lavado de manos, el tapa bocas y una vacunas aún inexistente en no pocos países. Después de 46 años de ejercicio profesional me veía  obligado a un ocio que se presentó cuando me dediqué a buscar trabajo. Así que ap...
Morenita y delgada   –  Roberto Giusti
Roberto Giusti, 11 a

Morenita y delgada – Roberto Giusti

Morenita y delgada es la arepa que aparece en las cocinas de las casas del páramo venezolano a la hora del desayuno. Y es así porque a diferencia de su hermana blanquita, ésta se elabora con harina integral proveniente del trigo y no del maíz.Se trata, entonces, de una tradición que ya existía antes de la llegada de los españoles, y cuya elaboración hasta el día de hoy se ha conservado intacta.…el ingeniero Luis Caballero Mejías, logró reducir al mínimo su proceso de preparación y llevarla al estado precocido que conocemos hoy.Así, mientras en las montañas andinas la tierra se prestaba para la siembra del trigo, en las cercanías del Caribe, los temibles indios de la tribu de los Cumanagotos, llamaron “Erepa” (se ignora el origen de la palabra) al curioso bocadillo redondo y panzón con el q...
Ana: el perdón – Roberto Giusti
Roberto Giusti, 11 c

Ana: el perdón – Roberto Giusti

El día que aparecieron los grupos armados  terminó nuestra apacible existencia  y comenzó el peregrinaje por los campos del Valle del Cauca. Corrían los tiempos de La Violencia, luego del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y bandas del conservatismo, como Los Chulavitas  y Los Pájaros, se entregaban  al despojo y muerte de los hacendados y trabajadores conocidos como  Los Cachiporros, valga decir, los liberales, entre ellos mi padre, Gonzalo Bustos.Dedicado a la cría de ganado y a la agricultura en una finca de su propiedad,  muy cerca de Armero, el pueblo en que nací  el 13 de marzo de 1931, mi padre no se ocupaba de la política pero tampoco ocultaba sus simpatías por el bando liberal.Yo era la mayor y la única hembra entre seis hermanos y desde muy temprano me tocó la respo...
Una Venezuela llamada Colombia – Roberto Giusti
Roberto Giusti, 9a

Una Venezuela llamada Colombia – Roberto Giusti

El día en que mi mamá conoció a mi papá, cuando ella le preguntó de dónde era y él le respondió que de Colón (con el ón enfatizado), ella sonrió feliz porque era el primer panameño que conocía en su vida. No tenía la menor idea de que ese era, también, el nombre de una población del Táchira, en la frontera con Colombia. Caraqueña criada en Maracaibo, para mi madre Cúcuta (al otro lado de la frontera) era un lugar remoto y enigmático de donde habían salido unos señores de modales bruscos y extraño acento, que atravesaron el país, batalla tras batalla y amarraron sus mulas en las barandas de la Casa Amarilla (sede de la Presidencia de la República, en Caracas) para dejarlas allí hasta descubrir la existencia de un ingenio mecánico llamado automóvil. Poco después su percepción se pr...
De Gengis Khan y su telégrafo – Roberto Giusti
Roberto Giusti

De Gengis Khan y su telégrafo – Roberto Giusti

La reciente celebración de  los cien años de la revolución china, con impresionante demostración de fuerza y un agresivo discurso pronunciado por su líder Xi Ping, nos trajo a la mente la figura de Alexander Herzen. Conocido como padre del socialismo utópico en Rusia, Herzen advirtió, a mediados del siglo XIX, que si los campesinos de su país se alzaban en contra de los grandes propietarios de tierras, serían liderados por «un Gengis Kan con telégrafo». Herzen, quien a pesar de su radicalismo se distinguía por su rechazo a las formas dictatoriales del ejercicio del poder, no alcanzó a vivir la realidad en que se convirtió su profecía, 60 años después, con Lenin, el golpe de Estado bolchevique de 1917 y la cruenta guerra civil que se libró para consolidar su dominio. Lo que quizás...
A Meca negra – Roberto Giusti
Roberto Giusti

A Meca negra – Roberto Giusti

leer en español Às quatro da manhã saí para a rua, congelada e escura, em busca do caminho que leva à emissora de televisão onde fui contratado. Estava chovendo e foi a primeira vez que me aventurei naquela estrada desconhecida salpicada de arranha-céus quase imperceptíveis naquela hora. Fazia uma semana que cheguei a Atlanta e aluguei um apartamento no décimo andar de um prédio, no centro da cidade, onde mora a maioria das famílias negras de classe média. Aqui os brancos preferem viver na periferia da cidade, onde abundam as urbanizações de casas idênticas, escolas, centros comerciais e outros serviços. É por isto que o centro da cidade fica para as sedes de grandes empresas, hotéis, turistas, museus, estádios, pessoas de cor e moradores de rua. Mas eu, ao contrário d...
La Meca Negra – Roberto Giusti
Roberto Giusti

La Meca Negra – Roberto Giusti

ler em potuguês A las cuatro de la mañana salí  a la calle, helada y  oscura, en busca del camino que conduce al canal de televisión donde  había sido contratado. Llovía y era la primera  vez que me aventuraba por  aquel camino  desconocido y sembrado de  rascacielos apenas perceptibles a esa hora. Hacía una semana de mi llegada  a Atlanta y había alquilado  un apartamentico en el piso diez de un edificio, en el centro de la ciudad, donde viven, en su mayoría, familias negras de clase  media. Aquí los blancos  prefieren vivir en las afueras de la ciudad, donde abundan urbanizaciones de casas idénticas, escuelas, centros comerciales y demás servicios. De manera que dejan el downtown  para  las sedes de las grandes compañías,  los hoteles, los  turistas, los museos, los estadios, la ge...