La mosca, por Leonor Henríquez
Me tragué una mosca.Más bien un mosquito de esos que se alborotan en el verano. Sucedió mientras caminaba a lo largo del río con una amiga, enfrascada en apasionada conversación, probablemente de asuntos sin importancia, que al final son los que importan.Lo admito, tiendo a hablar demasiado.En mi profesión como ingeniera, he tenido que explicar mis argumentos con fiereza y convencer mediante la palabra.En mi vida familiar, casi siempre abro la boca más de la cuenta y tiendo a dar mi opinión cuando no me la piden. Mi yerno y nuera pueden certificarlo, parte del oficio de suegra.También domino el inefable arte de interrumpir. Y bromeo diciéndole a la gente: “No es que te esté interrumpiendo, es que tú sigues hablando mientras te interrumpo”.Pero en general, el mundo entero tampoco calla nunc...












