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Rafael Victorino Muñoz

La cuenta que no da nada, por Victorino Muñoz
55a, Rafael Victorino Muñoz

La cuenta que no da nada, por Victorino Muñoz

Este encuentro sucedió hace más de treinta años. Pero todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Sobre todo por sus repercusiones en mí y porque sigue estando vigente en tantas partes. De hecho, tal vez este encuentro se repite todos los días, en cada barrio de cada gran ciudad de este país y tal vez de toda Latinoamérica.Yo regresaba de la Universidad. Había escogido el turno de la noche, porque me tocaba trabajar en el día. El transporte me depositaba a unas cinco u ocho cuadras de mi casa, dependiendo del camino que escogiera.Debo aclarar que yo solía llegar a las diez de la noche y vivía en un barrio bastante peligroso, de modo que escoger el camino largo era preferible, por el tema de la seguridad. Pero aquella noche escogí el corto.En una esquina estaba Pepe, un muchacho que a ve...
Encuentro con Ronald Hubbard, por Victorino Muñoz
51a, Rafael Victorino Muñoz

Encuentro con Ronald Hubbard, por Victorino Muñoz

Voy caminando por la avenida Bolívar y se me acerca un muchacho imberbe.- Señor, ¿me permite hacerle una encuesta?Viéndolo con las manos vacías le pregunto acerca de su instrumento para recoger los datos, ya fuera un aparato electrónico o alguna hoja impresa.- Son tres breves preguntas – aclara el joven, mientras se toca la sien, como para dar a entender que mis respuestas las podría almacenar en su cabeza, o qué sé yo qué.- A ver – digo yo, sin terminar de convencerme ante aquella situación (por menos que eso  seguramente reprendería a mis estudiantes de metodología. Aunque no estaba en mis clases, así que...)- ¿Qué es lo que más desea usted ser en la vida?- Escritor – respondo, aunque quedo con la culpable impresión de haber dudado un segundo.- ¿Y por qué piensa que no ha podido ser lo q...
Mal romance,<br/> por Victorino Muñoz
112c, Rafael Victorino Muñoz

Mal romance,
por Victorino Muñoz

Hace algunos años, andaba yo vagando, en uno de esos días en que no hallaba más qué hacer, ya que no tenía perro ni gato que me ladrara o maullara, respectivamente. Y como no suelo ser tan asiduo de los centros comerciales, porque no le veo el chiste a ver en vidrieras cosas que no voy a comprar, me senté en el parque a leer.Ese parque suele ser bastante concurrido los fines de semana. Sin embargo, yo traté de buscar un lado más o menos escondido y me armé de unos audífonos para aislarme más. Pese a ello, no tardaron en notarme unos jovencitos, que andaban con unos papeles, acercándose a la gente, como pidiendo autógrafos o haciendo encuestas.Yo me hice el loco. Pero me vieron, se aproximaron y me hicieron señas, dando a entender que debía quitarme los audífonos, porque querían hablarme de...
El arte de la crítica, por Victorino Muñoz
110c, Rafael Victorino Muñoz

El arte de la crítica, por Victorino Muñoz

  Actualmente, no soy muy dado al arte de la crítica, en la literatura o en el arte en general. No la practico ni entiendo bien su función, ya que la persona que crea ni se enterará de lo que uno dice, y menos aún me parece que esta vaya a cambiar lo que hace para complacer la opinión de un tercero. A lo sumo, la crítica tal vez le sirva al que la hace. Es decir, leyendo a otros piensa y reflexiona acerca de lo que él mismo produce, perfilando los criterios para evaluar sus textos propios. Entonces, más bien debería guardarse sus comentarios para sí, pensarán ustedes. Y les concedo razón. Aunque, claro está, esto solo aplicaría en el caso de los críticos que a su vez son artistas. Porque, de lo contrario, sus opiniones solo sirven para meter cizaña, alentar vanidades o destruirlas...
Días de cine, por Victorino Muñoz
107c, Rafael Victorino Muñoz

Días de cine, por Victorino Muñoz

Antaño, si mal no recuerdo, iba al cine. Pero, desde que todo se convirtió en sagas de diverso tipo (incluyendo las detestables de rápidos y furiosos), historias de súper héroes y remakes de Disney, ya ni me asomo por esos sitios. En casa me pasa otro tanto. La televisión está allí. Si alguien la enciende, por lo general no soy yo. Acaso veo algunos juegos, cuando son finales de ligas y cosas así. Hasta tuve Netflix y dejé que se perdiera. Sufro de abulia audiovisual (por eso no uso Tik-tok). No soy tan amigo de las películas. Tampoco me entusiasman las series. La última que vi fue El zorro. Creo que en lo que va de año 2023 llevo como unas cuatro películas; pero van más de veinticinco libros. Y me parece que leo los libros como si fueran una teleserie. Avanzando un poco cada noch...
Los libros prohibidos, por Victorino Muñoz
104b, Rafael Victorino Muñoz

Los libros prohibidos, por Victorino Muñoz

        La Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal.  Jorge Luis Borges, La biblioteca de Babel Ignoro cuántos de los libros que se perdieron en la Biblioteca de Alejandría no fueron jamás recuperados. Se asegura que fueron miles. Claro, eran otras épocas, en las que libro y ejemplar eran prácticamente sinónimos: pocos eran los volúmenes que tenían alguna copia en otra parte. Con el correr de los tiempos y la invención de la imprenta, distintos serían los resultados de la destrucción de los libros por obra de la naturaleza o las tentativas por obra humana. Los nazis, por ejemplo, quisieron execrar unos cuantos de la historia de la literatura. Se dice que El golem de Gustav Meyrink fue uno de los perseguidos. Pero sobrevivió a ese fanatismo pi...
Los hablantes de Saki, por Victorino Muñoz
99b, Rafael Victorino Muñoz

Los hablantes de Saki, por Victorino Muñoz

El “Narrador de cuentos” es una de las mejores piezas narrativas breves, no solo de Hector Hugh Munro (conocido como Saki), sino de toda la historia del género. Además de lo agradable de la narración, constituye una suerte de ars poética, a la vez que un alegato contra la intención de moralizar a partir del cuento.En dicho texto hay una frase en la que pienso, casi en cada circunstancia en que me toca escuchar a otros. (Por suerte cada vez son menos, gracias al trabajo que realizo). El narrador protagonista, refiriéndose a unos personajes que iban con él en el vagón de tren, dice: “practicaban la conversación de un modo limitado y persistente”.A menudo recuerdo esta frase cuando estoy, por ejemplo, haciendo fila en una oficina pública, para algún trámite. Ya se sabe que en estos lugares no...
Un libro más, por Victorino Muñoz
94b, Rafael Victorino Muñoz

Un libro más, por Victorino Muñoz

 (Un breve comentario, mordaz por demás, luego de la lectura de Los demasiados libros, de Gabriel Zaid, publicado por Anagrama originalmente en 1972, pero que ha conocido sucesivas reediciones, la más reciente creo que en 2010.)A todos los libros les sobra algo, les sobran páginas: a algunos les sobran los relatos, a las novelas, capítulos; a otros, el prólogo. Creo que leo así, con vocación de antologador, de inquisidor o con una compulsiva necesidad de usar una desmalezadora, si fuera posible hacer esto con los textos.Los demasiados libros no es la excepción. Más bien debería decir que el texto en cuestión es la hiperbolización del asunto. Se trata de un volumen al que para mi gusto le sobra casi todo; es un libro abultado artificialmente con trabajosas estadísticas y con borrosas utopía...
Sin anestesia, por Victorino Muñoz
84b, Rafael Victorino Muñoz

Sin anestesia, por Victorino Muñoz

El martirio comienza desde días antes. Sabes que la fecha del asunto está fijada y no hay escapatoria. Podría postergarse, pero cuando hurgas con la lengua en el interior de tu boca te das cuenta de que es inexorable.No hay de otra. Hay que enfrentarlo, hay que sacar la bendita muela podrida y partida. Parece que fuera la ejecución de la sentencia. En efecto, ya nadie volverá a ver a la muela. Irá para donde tiene que ir.Por cierto, cuando uno llega a adulto, ¿ya no se le puede enviar el diente al ratón Pérez a cambio de un dinerito, aunque sea un poquito? Tal vez ya no sea el ratoncito sino la rata Pérez, porque uno crece y los mitos deberían hacerlo con uno también. Digo.Como decía, el padecimiento comienza desde días antes. Uno trata de hacerse el loco y olvidarlo. Pero de pronto alguie...
La mentira hecha canción, por Victorino Muñoz
81c, Rafael Victorino Muñoz

La mentira hecha canción, por Victorino Muñoz

No sé qué me sorprende más: si la cantidad de canciones de amor que existen o el hecho de que muchísimas, con contadas excepciones, hablan prácticamente de lo mismo. A lo sumo hay tres o cuatro asuntos, no sé si llamarlos motivos, que se repiten y se repiten, desde los tiempos de Petrarca a nuestra era.Algunas variaciones, algunos énfasis, palabras más, palabras menos, las canciones de amor hablan de:- Lo inconmensurable del sentimiento: este amor llega a las estrellas, no hay montaña lo suficientemente alta (citando a Diana Ross), es eterno (Jerry Rivera dixit), nothing's gonna change my love for you...- Por supuesto, el sentimiento es superlativo debido a las incontables virtudes de la persona amada, que es quien lo inspira: cuando aparece no hay estrellas (Yordano), tú brillas más que e...
Estafados.com C.A. I,  por Victorino Muñoz
78c, Rafael Victorino Muñoz

Estafados.com C.A. I, por Victorino Muñoz

Ya van varias veces que me llegan los benditos correos electrónicos y mensajes por el celular, para tratar de agarrarme desprevenido y quitarme un dinero, que de paso ni tengo. Les voy contando y vamos reflexionando cómo es la cosa.Me escribe una persona, que no sé si es hombre o mujer, pero trata de hacerme creer que es mujer:- Hola, es Carolina.Yo siempre pregunto por el apellido, porque alguien como yo, que ha dado clases en tantos lugares, debe conocer mínimo unas 300 Carolinas, del norte y del sur y de todos los puntos cardinales.- ¿Carolina qué?- Carolina, tu prima.Sí, yo tengo una prima Carolina. Seguramente ustedes que me leen también. Yo, fingiendo ingenuidad, le digo:- Hola, no tenía tu número. Ya lo anoto. ¿Cómo estás?Aquí de inmediato uno se da cuenta de que la persona va con o...
Nada personal, por Victorino Muñoz
65a, Rafael Victorino Muñoz

Nada personal, por Victorino Muñoz

Un sacerdote abusa sexualmente de un niño y no acusamos al sacerdote sino a la Iglesia. Un policía mata a un joven afroamericano y no se habla tan mal del policía como de los Estados Unidos. Un tirano condena muerte a otros en nombre del comunismo y el culpable es el comunismo. El dueño de una fábrica explota y esclaviza a personas, pero no es él, sino el capitalismo el que debe responder.Los que así razonan creen que es mejor sentenciar, no al individuo, sino a lo que le instó a actuar. Dicen que a nadie se le puede juzgar por sus ideas. Pero yo creo que tampoco se debe juzgar una idea por culpa de un hombre o de un grupo.De verdad, nada parece tan simple para escudar la maldad personal que hacerla colectiva, convertirla en idea. Cometo un homicidio y puedo decir que actué movido por mi f...