Castillos de naipes,
por Victorino Muñoz
Las relaciones humanas se construyen igual que los castillos de naipes. Como se sabe, para que un naipe se sostenga, es necesario que inclinarlo un poco y luego recostar otro, a manera de un triángulo. Uno se apoya en su par.
Así, en una relación con alguien que nos interesa, sea pareja, amigo, compañero de trabajo, familia, perro o gato, ante una actitud o acción que no nos resulta grata, uno coloca su naipe de la paciencia, la tolerancia o el afecto puro y simple.
Y así se va sumando, con cada cosa que pasa, cada vivencia, una pareja de cartas, donde uno sostiene al otro, como dijimos; armamos una base, luego un primer piso, y se va ascendiendo, tan alto como se pueda o quiera, y como la vida y la circunstancia permitan.
Sabemos que no hay nada bueno que no traiga algo malo ni n...












