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José Alejandro Moreno Guevara

Nando y los tucusitos, por Alejandro Moreno
69a, José Alejandro Moreno Guevara

Nando y los tucusitos, por Alejandro Moreno

Al maestro José Pulido, el hijo de Victoria. Aunque es verdad que Villa de Cura duerme temprano, siempre quedan los tucusitos, en la noche, dando vueltas. Les gusta, también, chupar la flor de noche, ni locos que fueran para no hacerlo. Pero por ahora no nos interesa la historia de los tucusitos sino la historia de Nando Rengifo.El pobre Nando Rengifo no pega una con Aurelita, la hija de Macaria Camacho. Todo el mundo dice que Aurelita está enamorada de él, pero como esa muchacha es rara pues no parece. Así han pasado los años y la gente comenta: " Nando le regaló unos mangos a Aurelita, ahora sí!!!" Pero nada. "Nando se va a comprar una moto para sacar a pasear a Aurelita, esa boda no pasa de diciembre. Lo más seguro es que sea el nueve de diciembre, el día de San Cipriano" pero tampoco.U...
La despedida, por Alejandro Moreno
68b, José Alejandro Moreno Guevara

La despedida, por Alejandro Moreno

La familia ha decidido llevar la urna por última vez a la Gavidiera, ese lugar en donde Inés pasó los últimos años de su vida. En medio de aquel Arenal todos bajan y ya no hay manera de saber que será de todo aquello sin Inés. Una pareja muy joven son los únicos que están allí de gente. La muchacha pronuncia "la señora Inés " como si hablara de una diosa griega. Elizabeth camina hacia la casa con paso triste y tímido. No tiene prisa en entrar y los perros de Inés la reciben. Se acercan a ella y en silencio le dan el pésame con sus rabos entre las piernas. Ya la Gavidiera es un recuerdo y los perros de Inés la han visto por última vez. del mismo autor Compartir en Quiero patrocinar
Simón Palacios, por Alejandro Moreno
67b, José Alejandro Moreno Guevara

Simón Palacios, por Alejandro Moreno

 Simón Palacios ha llegado a cien años. A pesar de que son muchos años, sigue siendo un negro recio y jamao. Su papá anduvo con el general Bolívar. Simón nació cuando ya su papá Juan Bautista Bolívar tenía cincuenta años. Nadie en Petare tiene más años que él. Escucha radio todas las mañanas y su memoria es prodigiosa a pesar de tener ese bojote de años. Nunca se casó ni tuvo hijos.  El único amor de su vida fue un policía: un gochito de La Grita. Los nudillos de Simón hincharon muchas caras y derribaron a muchos guapos. Eleazar, el policía, el gochito, murió hace más de cuarenta años.  Sin embargo, Simón recuerda ese último día en que se vieron y ambos fueron felices por un instante. Secretos que guarda el corazón.del mismo autor  Compartir en Quiero patrocinar...
Un merengue con Cleopatra, por Alejandro Moreno         
66a, José Alejandro Moreno Guevara

Un merengue con Cleopatra, por Alejandro Moreno         

A pesar de que Cleopatra no sabe nada de la reina egipcia por la cual le pusieron su nombre, siempre se ha sentido una Diosa. Su dulce altivez parece emanar del mismísimo nombre que lleva con orgullo y devoción. Nada le impide ser una diva envuelta en un halo de sensualidad trepidante. Ella es un volcán de estrógenos y picardía. Hace ya nueve años que perdió su pierna derecha. Nadie sabe exactamente qué pasó. Como siempre ocurre en estos casos, hay demasiadas versiones. Unos dicen que estaba en el yate de unos millonarios y que cayó borracha por la borda y la hélice del motor le masticó la pierna como si fuera un monstruo enfurecido. Otros dicen que en un ritual satánico su pierna fue ofrendada al mismísimo. Lo cierto es que está allí con su prótesis de tecnología alemana, siendo tan...
En el Metro, por Alejandro Moreno
64b, José Alejandro Moreno Guevara

En el Metro, por Alejandro Moreno

En el Metro, a pesar de los pesares, suceden cosas maravillosas:Un par de hombres conversan. Uno de ellos dice que en la madrugada lee la Biblia y luego dedica un par de horas a pensar acerca de lo que leyó. Por lo que dice, supongo que es un predicador evangélico. Tiene un tatuaje: una pequeña y muy mal hecha esvástica en su mano derecha. La conversación sigue, creo. No presto tanta atención.En algún momento, un hombre que va conversando con dos mujeres un poco más allá también lo hace con los de la conversación de la Biblia. Y como por arte de magia, después de abierta la puerta en la estación Teatros, hay una conversación sobre teología."No es lo mismo veneración que adoración", "vida de los mártires ", "los que dieron su vida por Cristo en el Coliseo romano". Entre las estaciones de Ca...
Vallenilla, por Alejandro Moreno
62b, José Alejandro Moreno Guevara

Vallenilla, por Alejandro Moreno

La historia de Vallenilla es tan triste como puede ser la de cualquiera. Tal vez, el tono en que él la ha contado es la que la hace tan cálida, a pesar de que puede llegar a ser tan melancólica.Vallenilla se iba a casar. Había ahorrado ya un par de años para hacerlo. Tenía miedo, como todos, pero aun así quería casarse. No soñaba nada en particular para su futuro. Mucho menos esperaba nada.Amintha, su novia ya desde hacía años, era una mujer sobria pero muy alegre. Con esa alegría como de antes, que no escandaliza ni aturde.Un día, Vallenilla llegó a casa de Amintha, pero no estaba. A Vallenilla le dijeron: "mijo, Amintha se fue". No supo qué hacer. Amintha había dejado una carta. Pero Vallenilla no sabía leer, y le daba pena decir que no sabía.Vallenilla se quedó quieto y no dijo nada. Y ...
Yocasta Zambrano, por Alejandro Moreno
61b, José Alejandro Moreno Guevara

Yocasta Zambrano, por Alejandro Moreno

 No hay forma ni manera de que Yocasta Zambrano se vista como su mamá le dice. A pesar de que solo tiene quince años, insiste tercamente, en que se quiere vestir como un varón, o al menos como se visten los varones allá en Mucuchíes.Un día, Yocasta quiso vestir camisa de cuadros, porque aquello le parecía bueno. Y reunió su plata y, en Mérida, se compró una camisa de cuadros. Mucuchíes, por supuesto, no estaba nada contenta con que Yocasta usara camisa de cuadros. Pero a Yocasta no le molestaba, para nada las burlitas de la gente. Y así, pasaron los años y Yocasta cumplió su sueño, un día en Caracas, y pudo ponerse un esmoquin blanco. Y entonces Yocasta decía que se podía morir feliz.del mismo autor Quiero patrocinar
Esther, por Alejandro Moreno
55a, José Alejandro Moreno Guevara

Esther, por Alejandro Moreno

Armandito da dos pasos y se detiene, luego da tres pasos y se detiene y así sucesivamente hasta llegar a diez. La mamá de Armandito ya no sabe si regañarlo o hacerse la loca. Todos los días del mundo Armandito hace lo mismo. Ciertamente no tiene una hora fija.  Lo han visto hacerlo en la mañana, al mediodía y en la tarde. Nadie lo ha visto hacerlo en la noche. Armandito dice que está buscando a Esther. No la vio más y desde ese día hace lo de los pasos. Pero es público y notorio que Esther murió de fiebre tifoidea. Armandito cree que Esther se fue con un hombre a caballo, pero ella murió. Él prefiere creer que ella no murió, prefiere seguir pensando que algún día ella va a volver y le va a pedir perdón y le dirá pa casase. Mientras tanto sigue dando esos pasos que separan su casa ...
Pan andino fresquecito, por Alejandro Moreno
40a, José Alejandro Moreno Guevara

Pan andino fresquecito, por Alejandro Moreno

 Dicen que las chiripas son más fuertes que el odio, pero definitivamente el odio que había en el corazón de Douglas Bracho no era un juego. Siendo muy niño había sufrido un maltrato que lo atormentaba hasta el día de hoy. Esos correazos de su padre Armindo Bracho habían sido apenas la punta del iceberg, un maltrato que, cada cierto tiempo le bamboleaba las emociones y lo descomponía. Y era entonces allí cuando emergía ese odio vertical que se instalaba en el corazón. Sin embargo, todo aquello, era atenuado con un espíritu compasivo, muy dulce y sosegado.Douglas Bracho, no había causado todavía daño físico alguno a ninguna persona. Todo lo contrario, siendo una energía poderosa, Douglas la sacaba de sí convertida en otra cosa, a veces ni él mismo sabía cómo hacía. Pero ese odio estaba allí...
Yeiker está preocupado – Alejandro Moreno
31a, José Alejandro Moreno Guevara

Yeiker está preocupado – Alejandro Moreno

Yeiker está preocupado. El niño ha tenido fiebre los últimos tres días. Sin embargo como ya está bastante mejor, él y Yamileth han decidido llevarlo para el preescolar. No deja de pensar en que hace tres años y medio cuando su hijo era un bebé estuvo a punto de morir. Va pensando en la promesa que hizo a José Gregorio Hernández y que fue a Isnotú y anduvo  de rodillas por unos dos kilómetros. Promesa esta que le dejó secuelas en las rodillas.En eso está pensando cuando recibe una llanada. Debe atender,  es su jefe. La llamada finaliza y Yeiker debe dejar al niño en el colegio para asistir a la reunión pendiente con su jefe.Llega al encuentro con su jefe, quien le explica que es la dueña de una panadería de Los Palos Grandes y que ya la familia va a pagar el rescate, que eso está hablao...Y...
Al Brasil con el Principito – Alejandro Moreno
28b, José Alejandro Moreno Guevara

Al Brasil con el Principito – Alejandro Moreno

Nairú Manaure es la más pequeña de sus hermanos. Su belleza es una mezcla de serenidad y de inquietud hormonal. Está decidida a irse a trabajar de Maturín para Brasil. En la agitada vida de su barrio la Guaricha se siente extraviada. Y pese a que está temerosa de irse de su casa está decidida a hacerlo.Una mañana agarra sus pocos coroticos y decide agarrar camino a Manaos. El terminal de Maturín es una gallera sin ningún concierto y ya a las tres horas Nairú va rumbo a Santa Elena de Guiarén  y de alli a Manaos.En las manos lleva su bolso, una botellita de agua y un ejemplar de El Principito. Nairú tiene mucho miedo y lo siente en el cuerpo. No sabe que le espera en Brasil. Toma el ejemplar de El Principito y sigue leyendo en la página 46, que fue donde se quedó la última vez.del mismo aut...
Ramón – Alejandro Moreno
23b, José Alejandro Moreno Guevara

Ramón – Alejandro Moreno

La carretera está suficientemente lejos como para pensarlo dos veces antes de tener que ir y volver sin ningún motivo que valga la pena. Sin embargo, Ramón recorre ese trecho con una felicidad de pajarito. Le gusta sentirse poderoso en aquel camino angosto lleno de trinitarias y matas de mango. Ha buscado agua desde la toma que está en la carretera hasta su rancho desde que tiene uso de razón hasta los treinta años que acaba de cumplir hace un par de meses. Sólo dos veces en su vida no ha podido hacer ese recorrido diario: una vez que estuvo enfermo y cuando murió su abuela Lucrecia. De resto esa ha sido su vida. Ramón ha sido inmensamente feliz y su precariedad y su estrechez material no ha sido si no otra cosa que detalles de una vida plena y vibrante. Las trinitarias del camino no ll...