News That Matters

José Alejandro Moreno Guevara

Osmín Infante, por Alejandro Moreno
112a, José Alejandro Moreno Guevara

Osmín Infante, por Alejandro Moreno

Osmín Infante está recostado en su hamaca. Tiene una sensación de bienestar pese a que hace tan solo segundos estaba recordando la vez que vio a un ser vivo morir. Su perro Puchi, que había sido atropellado, y al cual vio agonizar hasta el último suspiro. Desde aquel día ha visto morir muchos seres vivos incluso algunas personas. Se da un baño, se perfuma y luego le reza a José Gregorio Hernández para que le dé salud. Está listo para ir a trabajar, sigue pensando en la cara de Puchi antes de morir. No le gusta su trabajo, pero alguien tiene que hacerlo. Como él mismo dice, no es fácil tener tantos muertos encima. No se siente culpable, pero se siente cercano a ellos. Esta gente tenía familia y gente que los llora. Osmín se despide de su mujer y su hijo. Se monta en el carro pero ante...
La copa de Arturo, por Alejandro Moreno
104c, José Alejandro Moreno Guevara

La copa de Arturo, por Alejandro Moreno

El vino, visto desde cierta distancia, suele dar la impresión de ser más espeso. Eso hace tal vez que uno beba más despacio, lo cual quizás no sea bueno, pero hace que rinda más. Arturo sabe, por experiencia, que toda copa de vino puede ser siempre la última.Y no es que uno se la quiera dar de dramático, pero hay que tomar el vino con los ojos puestos en la necesidad de que el vino se puede acabar precisamente porque uno ya no esté.Arturo vuelve a ver su copa desde más o menos lejos y piensa que en efecto se ve más espeso.del mismo autorCompartir enGente que ayuda Quiero patrocinar
Penélope, por Alejandro Moreno
100b, José Alejandro Moreno Guevara

Penélope, por Alejandro Moreno

Dicen que Penélope no sabía hacer buenas arepas. Y esto se dice principalmente porque en Ítaca no había maíz y no existían los budares. Sepa usted que una buena arepa necesita un budare ancho y negro como la luna. Otros sostienen que el hecho de que Penélope no supiera hacer arepas se debía a que Peribea, su madre, era una de las Náyades y es sabido por todos que las Náyades no saben hacer arepas. del mismo autor Compartir en Gente que ayuda Quiero patrocinar
Mellizas, por Alejandro Moreno
86b, José Alejandro Moreno Guevara

Mellizas, por Alejandro Moreno

Una noche como cualquier otra llegan dos hombres a la puerta de una casa. Desde dentro, dos mujeres notan la presencia de los dos hombres, sin embargo, hasta ese momento no saben que son dos hombres. Solamente han escuchado que tocan la puerta. Ambas van a la puerta como es costumbre en ellas hacerlo cada vez que alguien toca la puerta. Desde niñas procuran hacerlo todo juntas. Casi llegando a la puerta vuelven a tocar. Son los dos hombres que tocan nuevamente. Es necesario insistir: las dos mujeres no saben que dos hombres son los que tocan. En algún momento las mujeres se preguntan a sí mismas quién será, pero ninguna sabe lo que la otra ha pensado.Una de ellas abre la puerta, la otra está parada un poco más allá frente a la puerta. Los dos hombres saludan. Las dos mujeres también saluda...
Antíloco, por Alejandro Moreno
82a, José Alejandro Moreno Guevara

Antíloco, por Alejandro Moreno

Antíloco está mirando su espada y sabe que en pocas horas estará manchada de sangre, y con ese olor deberá vivir el resto de sus días, que no serán muchos. A Antíloco le gusta recordar sus días cuando niño. El hijo de Néstor, rey de Pilos, es uno de los pocos que puede irrumpir cuando quiera en la tienda de Aquiles. Pese a que todo es polvo, vino y fogatas en el campamento de los aqueos, también hay tiempo para el amor. Antíloco exhala su último suspiro de placer en la noche estrellada. Lo espera la batalla llena de pústulas y del olor de la sangre. del mismo autor Compartir en Gente que ayuda Quiero patrocinar
Matilde Omaña, por Alejandro Moreno
80c, José Alejandro Moreno Guevara

Matilde Omaña, por Alejandro Moreno

Es la primera vez que Matilde Omaña está en Caracas. Seguramente ningún Omaña de Capacho viejo, ha estado antes en la capital. A Matilde le contaron que su abuelo Cesario fue muchas veces a Pamplona, e incluso a Bogotá, pero ningún Omaña había pasado de Mérida. En aquella tranquila montaña Omañas, Ruices, Pinedas y González habían pasado ciento cincuenta años cultivando café y criando ganado, sin ningún afán aventurero y ninguna sed de conocer qué había más allá de la puesta de sol.Matilde ha conquistado a sangre y fuego su grado de sargento. El propio general Cipriano Castro ha dicho de ella que… “ es un valiente soldado de la patria”. Matilde sabe todo lo que ha hecho para ser una de esas primeras cien personas en entrar a Caracas. Su yegua Aguapanela parece estar tan orgullosa como ella...
En Altagracia no hay motos, por Alejandro Moreno
79b, José Alejandro Moreno Guevara

En Altagracia no hay motos, por Alejandro Moreno

Nadie había visto nunca una moto en Altagracia de Orituco. Hasta ese día, solamente bicicletas se habían visto. Más de una madre asustaba a un muchacho tremendo, advirtiéndole que la moto de Chuchú Marrero recorría Altagracia con una gallardía que no se le había visto antes. Si alguien iba caminando por la calle Bolívar de Altagracia y Chuchú Marrero pasaba en su moto, la gente se paraba hasta que Chuchú terminara de pasar.La vieja Elba Esteves fue la primera doñita del pueblo, a la que Chuchú Marrero le hizo un mandao. Se fue en su moto hasta Calabozo y le trajo a la vieja Elba unas gotas de valeriana, porque ella decía que de vez en cuando veía a Elbita su hija. Elbita había muerto de paludismo hace unos años. Aquellas visiones ponían muy nerviosa a la pobre mujer y por recomendación de ...
 La despedida, por Alejandro Moreno
78b, José Alejandro Moreno Guevara

 La despedida, por Alejandro Moreno

  La mujer se tomó su última cerveza lentamente. Ese sorbo le supo a triunfo. Tomó su cartera y se despidió. Ya nunca más vería nada de lo había visto desde niña. A esa hora subir en ascensor no es difícil. Pensó en los veinte pisos que la separaban del lugar en donde momentos antes se tomaba la cerveza. Ni siquiera pensó en su hijo. Le importaba el niño, pero la verdad es que no tanto. Así es la vida, dijo para sí. Seis minutos exactos después, en el bar, el televisor empezaba la transmisión del juego de béisbol, y la mujer había tomado una cerveza fría que la había hecho feliz. del mismo autor Compartir en Gente que ayuda Quiero patrocinar
El viejo imperio, por Alejandro Moreno
76a, José Alejandro Moreno Guevara

El viejo imperio, por Alejandro Moreno

 A esa hora Londres es una maravilla de prodigiosa energía. Pudiese pensarse incluso que se está en una ciudad más alegre, pero no, no nos engañemos: Londres es Londres. Tan fría como siempre y quizás peor aún. Mister Grimwig es apenas una sombra frágil de lo que fue en su juventud. Tuvo, en aquellos años de pulsión juvenil, la fuerza suficiente para ser un extraordinario comerciante que iba y venía de Londres a Bombay como quien visita un barrio cercano. Ya no. Apenas mastica con dificultad un insípido pan de cebada con algún vil potaje de carne, y a eso se aferra mister Grimwig. Al ver pasar desde su ventana a una bellísima mujer de la India suspira con los últimos arrestos de energía. del mismo autor Compartir en Quiero patrocinar
Ramoncito y Pecheche, por Alejandro Moreno
72b, José Alejandro Moreno Guevara

Ramoncito y Pecheche, por Alejandro Moreno

 Ramoncito y Pecheche eran absolutamente inseparables. La parranda era su objetivo más preciado. Vale decir que el de ambos. Eran legendarias las extravagancias de Ramoncito y Pecheche: disfrazarse de monjitas en los carnavales de Carúpano, comer espagueti con diablito y salsa rosada en Mochima, leerle fragmentos de la Odisea a los borrachitos del mercado de Cumaná.Un día Ramoncito y Pecheche estuvieron en Río Casanay. Y allí ayudaron a Leonardo Farías a sembrar en su conuco. Entonces, Leonardo Farías mató dos gallinitas negras y les preparó, a Ramoncito y a Pecheche, un sancocho que no olvidaron nunca. Tanto fue así, que, ya estando viejitos, Ramoncito y Pecheche se consiguieron y, recordando aquel sancocho, lloraron de alegría acordándose de su amigo Leonardo Farías.Compartir en ...
Karim Panahí, por Alejandro Moreno
58c, José Alejandro Moreno Guevara

Karim Panahí, por Alejandro Moreno

Karim Panahí, no cree en Alá ni en nada parecido. Al menos no cree en eso como creen sus hermanos y sobre todo sus padres. Obviamente nadie lo sabe. Karim cree más bien en algunas películas que ha logrado ver. Cree en la piel de Demi Moore y en los ojos de Marilyn Monroe.Karim venera la belleza de las mujeres, y quizás por ello Marzieh Hosseini, su compañera del Politécnico de Teherán, es el principio y fin de su credo. Todo lo que supuestamente implora a Alá, en realidad es una alabanza a la belleza inquietante de Marzieh.Cuando Karim ayuna es una plegaria a los labios de Marzieh. Es allí precisamente en donde Karim tiene puesta su fe. Pero nadie lo sabe. Mientras tanto, seguirá inclinando su cabeza hacia La Meca con su corazón puesto en la pulpa jugosa de los labios de Marzieh.del mismo ...
Amandita, por Alejandro Moreno
56b, José Alejandro Moreno Guevara

Amandita, por Alejandro Moreno

Amandita es fea, o mejor, es muy fea. Nadie nunca le ha dicho un piropo. Amandita cree que nunca se va a casar ni a tener hijos. Y esto es tan cierto que oprime el corazón de ella. Ningún hombre la ha visto a los ojos y ella arrastra ese dolor, como un viejo amante que ha sido sacudido por el desamparo.Amandita no guarda amargura en su corazón, no podría. La vida se le ha ido pasando entre el desamparo y la Rochela. Y aunque ya pronto llegará la vejez, le gustaría tener su muchachito, uno de ella. Pero en la irremediable rueca de su vida, no hay lugar tal vez para algunas cosas.  Y no es que Amandita requiera ciertas cosas, total la vida es la vida. A lo mejor es que nadie conoce realmente el amor.del mismo autor Quiero patrocinar