Abochornada,
por Luli Delgado
Los brasileños dirían que estoy llorando de barriga llena, pero la verdad es que aquí también hace mucho calor. Que si allá no sé dónde hay diez grados más, que si en no sé cuánto la humedad es tres veces más alta, que qué vas a reclamar tú, si vienes de un país tropical. Todo eso es una verdad del tamaño de una catedral, pero sigue haciendo mucho calor.
Para quienes tenemos la tensión relativamente baja, nos sentimos que nos podemos morir en cualquier momento, porque, total, ya estamos flotando. Los movimientos se hacen lerdos, le pides permiso a un pie para mover el otro, perdemos el apetito, nos cuesta hasta respirar.
Mientras estás dentro de tu casa, se hace un poco más llevadero, pero salir es un tormento. Media cuadra después ya te quieres regresar. El sol te pega como si tuvie...












