¿Acaso fracaso?
por José Manuel Peláez
El amargo del fracaso era más fuerte que el del vermut con el que pretendía olvidarlo. Oculto en una esquina del bar, repetía en mi mente la escena y las palabras que habían derribado de un golpe mi mejor proyecto.
Así me encontró Manolo y, a pesar de mis muestras de querer estar solo, se sentó insolente a mi lado hasta que le conté lo ocurrido con mi jefe en la revista, del que es muy amigo. Desechó mi brillante idea de una serie de reportajes sobre el pasado de algunos “sin techo”; ¿Desde dónde habían caído tan bajo? ¿qué terribles cataclismos los hundieron? ¿cuál fue exactamente la dimensión de esas caídas? En fin, una mina de historias humanas llenas de las flaquezas con las que los lectores se conmoverían sin ninguna duda. Félix, mi torpe jefe, no admitió el proyecto porque para fl...












